martes, 29 de noviembre de 2011

UNA MENTE LÚCIDA REFLEXIONA SOBRE LA CRISIS

Les dejo con un artículo de altura escrito por el teólogo, filósofo, escritor, profesor, ecologista... Leonardo Boff. Un punto de referencia y una mente lúcida que merece la pena escuchar y estudiar. Si personas como Leonardo escriben de esta forma las verdades, tal vez merece la pena que aparquemos, siquiera un momento, la rutina del día a día y reflexionemos sobre sus palabras. Más allá de encontrarnos en una crisis sistémica económica nos encontramos en una crisis de ética y de humanidad.

La gran perversión

2011-11-25


Para resolver la crisis económico-financiera de Grecia y de Italia se han formado, por exigencia del Banco Central europeo, gobiernos solo de técnicos sin participación de ningún político. Se partía de la ilusión de que se trata de un problema económico que debe resolverse económicamente. Quien solo entiende de economía, acaba no entendiendo ni siquiera la economía. La crisis no es de economía mal manejada, sino de ética y de humanidad. Ambas muy relacionadas con la política. Por eso la primera lección de un marxismo básico es entender que la economía no es parte de la matemática y de la estadística sino un capítulo de la política. Gran parte de la obra de Marx está dedicada a desmontar la economía política del capital. Cuando en Inglaterra ocurrió una crisis semejante a la actual y se creó un gobierno de técnicos, Marx hizo duras críticas mofándose con ironía, pues preveía un fracaso total, como efectivamente ocurrió. No se puede usar el veneno que creó la crisis como remedio para curarla.

Para dirigir los respectivos gobiernos de Grecia y de Italia han llamado a gente que pertenece a los altos niveles bancarios. Los bancos y las bolsas han sido los que han provocado la presente crisis que casi hundió todo el sistema económico. Estos señores son como talibanes fundamentalistas: creen de buena fe en los dogmas del mercado libre y en el juego de las bolsas. ¿En que lugar del universo se proclama el ideal de greed is good, la codicia es buena? ¿Cómo hacer de un vicio (y, digámoslo también, de un pecado) una virtud? Están sentados en Wall Street de Nueva York y en la City de Londres. No son raposas que guardan las gallinas, sino que las devoran. Con sus manipulaciones transfirieron grandes fortunas a unas pocas manos y cuando estalló la crisis fueron auxiliados con miles de millones de dólares sacados de los trabajadores y de los jubilados. Barack Obama se mostró débil, inclinándose más por ellos que por la sociedad civil. Con los dineros recibidos continuaron la farra, ya que la prometida regulación de los mercados financieros quedó en letra muerta. Millones de personas están en el paro y la precarización, especialmente los jóvenes, que están llenando las plazas, indignados, contra la codicia, la desigualdad social y la crueldad del capital.

¿Es que gente que tiene la cabeza formada por el catecismo del pensamiento único neoliberal va a sacar a Grecia y a Italia del atolladero? Lo que está ocurriendo es el sacrifico de toda una sociedad en el altar de los bancos y del sistema financiero.

Ya que la mayoría de los stablishment no piensan (no lo necesitan) vamos a intentar entender la crisis a la luz de dos pensadores que en el mismo año de 1944, en Estados Unidos, nos dieron una clave iluminadora. El primero fue el filósofo y economista húngaro-canadiense Karl Polanyi con su clásica obra La Gran Transformación. ¿En qué consiste? Consiste en la dictadura de la economía. Después de la Segunda Guerra Mundial que ayudó a superar la Gran Depresión de 1929, el capitalismo dio un golpe maestro: anuló la política, mandó al exilio la ética e impuso la dictadura de la economía. A partir de entonces no ha habido como siempre antes una sociedad con mercado, sino una sociedad de mercado. Lo económico estructura todo y hace de todo una mercancía regida por una cruel competencia y una ganancia descarada. Esta transformación desgarró los lazos sociales y profundizó el foso entre ricos y pobres dentro de cada país y a nivel internacional.

El otro es un filósofo de la escuela de Frankfurt, exiliado en Estados Unidos, Max Horkheimer, que escribió El eclipse de la razón (1947). Ahí se dan las razones para La Gran Transformación de Polanyi, que consisten fundamentalmente en esto: la razón ya no se orienta por la búsqueda de la verdad y por el sentido de las cosas, sino que es secuestrada por el proceso productivo y rebajada a mera función instrumental, «transformada en un simple mecanismo tedioso de registrar hechos». Lamenta que «justicia, igualdad, felicidad, tolerancia, juzgadas inherentes a la razón durante siglos, han perdido sus raíces intelectuales». Cuando la sociedad eclipsa a la razón, se vuelve ciega, pierde el sentido del estar juntos y se ve atascada en el pantano de los intereses individuales o corporativos. Es lo que hemos visto en la crisis actual. Los premios Nobel de economía más humanistas, Paul Krugman y Joseph Stiglitz, han escrito reiteradamente que los players de Wall Street deberían estar en la cárcel por ladrones y bandidos.

Ahora, en Grecia y en Italia la Gran Transformación ha adquirido otro nombre: se llama la Gran Perversión.

Leonardo Boff


viernes, 25 de noviembre de 2011

UNA OLA DE MARGINACIÓN EN EL PRIMER MUNDO

Una ola de marginación y de pobreza se está extendiendo por el primer mundo según se va desarrollando la crisis y los procesos de trasvase de dinero público hacia intereses privados se materializa, apoyados por los gobiernos. Mientras tanto se está llevando a cabo un proceso de concentración de la riqueza en muy pocas manos, sin precedentes. Les dejo con el siguiente artículo que aborda, con datos, este asunto. La situación de desamparo y de exclusión es palpable en la sociedad norteamericana, no obstante, encontrarán que muchos datos les resultan familiares y cercanos, peligroso síntoma de que las cosas en Europa van por el mismo camino. Una vez más la globalización del desempleo, de la deslocalización, de las desigualdades, de las penurias, la necesidad, el hambre y la miseria.

EE.UU. ¡Bienvenido al tercer mundo!
Viernes, 25 de Noviembre de 2011 Carlos Montero (La Carta de la Bolsa)

“Los Estados Unidos se parecen cada vez más a un país del tercer mundo. Los datos económicos indican una dura realidad que el debate político general evita. La evidencia sugiere que, sin reformas fundamentales, los EE.UU. se convertirán en una nación post-industrial y un nuevo país del tercer mundo en 2032”. Les suena extraño, veamos lo que argumentan los analistas de Seeking Alpha para afirmar esto: Las características fundamentales que definen a un país del tercer mundo son el alto desempleo, la falta de oportunidades económicas, los bajos salarios, la pobreza generalizada, la extrema concentración de la riqueza, la deuda pública insostenible, el control del gobierno por los bancos internacionales y corporaciones multinacionales, débil estado de derecho y las políticas contraproducentes del gobierno.

Todas estas características son evidentes en los EE.UU. de hoy en día.

Otros factores incluyen la mala salud pública, nutrición y educación, así como la falta de infraestructuras. La salud pública y la nutrición en los EE.UU., aunque se sitúan por debajo de los estándares europeos, están muy por encima de los de los países del tercer mundo. La educación pública norteamericana ahora se ubica detrás de países más pobres, como Estonia, pero sigue siendo superior a la de los países del tercer mundo. Mientras que infraestructuras en ruinas se pueden ver en ciudades de todo el país, la vasta infraestructura de los Estados Unidos no se puede comparar a un país del tercer mundo. Sin embargo, todos estos factores se deterioran rápidamente en una economía en declive.

El desempleo y la falta de oportunidades económicas

El desempleo es un problema de fondo, estructural en los EE.UU., es un desafío fundamental. El mercado laboral de EE.UU. está en una tendencia descendente de largo plazo debido a la globalización, es decir, la deslocalización de la fabricación, la externalización de puestos de trabajo y la desindustrialización.

La fuerza laboral de EE.UU. se ha reducido en aproximadamente el 6,5% desde su pico en el año 2000 y ahora sufre un desempleo crónico del 9,1%. A pesar de que la fuerza de trabajo creció en los años 1980 y 1990, y que las familias de doble ingreso se convirtieron en la norma, el tamaño de la fuerza laboral se está reduciendo debido a la falta de oportunidades económicas.

Oficialmente, el desempleo de larga duración es del 16,5% y los desempleados de larga duración (sin trabajo durante 27 semanas o más) son 5,9 millones, el 42,4% de los desempleados. Sin embargo, antes de la administración Clinton, las medidas del desempleo incluían a los trabajadores que ya no son contados como parte de la fuerza laboral. Utilizando los criterios pre-Clinton, el desempleo supera el 22%, sólo el 3% por debajo del peor momento (24,9%) de la Gran Depresión. En países con poblaciones de más de 2 millones de habitantes, Macedonia es el líder mundial con el 33,8% de desempleo, seguido de Armenia con un 28,6%, 27,3% en Argelia y la Franja de Gaza, con el 25,7%.

Para agravar aún más el problema del desempleo, toda una generación de jóvenes estadounidenses se están quedando atrás en términos de oportunidades económicas. Los préstamos para estudiantes excedieron del billón de dólares, mientras que la tasa de participación laboral de jóvenes entre 16 a 29 años que están trabajando o buscando trabajo, cayó a 48,8% en 2011, el nivel más bajo jamás registrado. Falta de oportunidades económicas entre los jóvenes, incluyendo a millones de graduados universitarios desempleados, es una característica de países como Túnez.

El deterioro estructural del mercado laboral de EE.UU. seguirá produciéndose, ya que los trabajadores estadounidenses se han fusionado en una fuerza laboral global en la que todavía no pueden competir directamente con países como China e India. En China, por ejemplo, el salario bruto, en términos de paridad de poder adquisitivo, es equivalente a aproximadamente $514 por mes, 57% por debajo del umbral de la pobreza en EE.UU. De acuerdo con el Instituto de Política Económica, el déficit comercial de EE.UU. con China por sí solo ha causado una pérdida de 2,8 millones de empleos en EE.UU. desde 2001.

La caída de los salarios reales y de los ingresos familiares

Los trabajadores son más pobres en términos de poder adquisitivo cuando el costo de la vida aumenta más rápidamente que los salarios. De hecho, si los ingresos del hogar se ajustan por inflación, las familias estadounidenses más pobres han crecido significativamente en los últimos diez años. En 2010, por ejemplo, el ingreso real medio por hogar cayó un 2,3%. Aunque el salario medio ha aumentado de manera constante en términos nominales, la disminución del poder adquisitivo es una realidad para la mayoría de los estadounidenses.

De acuerdo con el famoso economista Milton Friedman, “la inflación es siempre y en todas partes un fenómeno monetario”. En otras palabras, los precios suben cuando la oferta de dinero se incrementa más rápido que la población o la actividad económica sostenible. El crecimiento económico aparente que se crea a través de la expansión del crédito, es decir, mediante el aumento de la oferta de dinero, tiene un efecto estimulante temporal, pero también hace que los precios suban. La oferta de dinero real es una medida exacta de la inflación.

Aunque el IPC es suficiente para ilustrar la disminución de los salarios reales, el IPC no mide el costo de la vida de una manera realista. Según el economista John Williams, la inflación del IPC subestima sistemáticamente.

El ingreso real de los hogares estadounidenses se ha puesto de nuevo a los niveles de 1996, a pesar de que muchos hogares ahora tienen dos ingresos en lugar de uno. Las familias con dos ingresos representaron gran parte del aumento en el ingreso real medio por hogar durante los años 1980 y 1990, pero hoy, dos fuentes de ingresos son apenas algo mejores que un solo ingreso de hace tres décadas.

Mientras los salarios de EE.UU. y los ingresos familiares sigan cayendo en términos reales, la pobreza y la dependencia de los programas gubernamentales de asistencia seguirán aumentando

La pobreza es cada vez mayor

Según la Oficina del Censo de los EE.UU., la tasa de pobreza en los Estados Unidos se elevó a 15,7% en 2011, con 47,8 millones de estadounidenses que viven en la pobreza (1 de cada 6). La línea oficial de pobreza, determinada por el Departamento de Salud y Servicios Humanos de EE.UU., es de $22.314 para una familia de cuatro miembros. El número de familias que viven en la pobreza ha aumentado considerablemente desde 2006 y continúa en ascenso.

El Programa de Asistencia Nutricional del Departamento de Agricultura de los EE.UU., atendía a 45,8 millones de hogares en mayo de 2011. El programa ahora alimenta a 1 de cada 8 estadounidenses y casi 1 de cada 4 niños.

Concentración de la riqueza

Alan Greenspan, ex presidente de la Reserva Federal, advirtió que, “en última instancia, estamos interesados en los estándares de vida y en las tendencias de la distribución de la salud, los cuales, más importantes que las ganancias o los ingresos, representan una medida de la capacidad de los hogares para el consumo”.

En otras palabras, la concentración de la riqueza socava la base de consumidores de la economía, provocando una disminución del PIB y un aumento del paro, lo que reduce los niveles de vida. Obviamente, la riqueza total de la sociedad se reduce cuando la riqueza está muy concentrada, porque hay un menor nivel de actividad económica.

Los datos económicos de varias fuentes, entre ellas la Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO), muestran que la riqueza y los ingresos en los Estados Unidos se han ido concentrando cada vez más. El 1% de los estadounidenses poseen el 38,2% de los activos del mercado de valores.

Para ese 1% de los estadounidenses, los ingresos del hogar se triplicaron entre 1979 y 2007 y han seguido aumentando, mientras que la riqueza del hogar en los Estados Unidos se ha reducido en 7,7 billones de dólares. El coeficiente de Gini muestra la creciente disparidad en la distribución del ingreso.

En términos del coeficiente de Gini, los Estados Unidos se encuentran ahora en paridad con China y pronto superarán a México, un país todavía en desarrollo. Cabe señalar, por supuesto, que los EE.UU. siguen siendo un país mucho más rico en general. Si la tendencia actual continúa, sin embargo, los EE.UU. se asemejarán a un país del tercer mundo, en términos de la disparidad en la distribución del ingreso, en aproximadamente dos décadas, es decir, en 2032

Bienvenido al tercer mundo

Estados Unidos se está convirtiendo en un país postindustrial y neotercermundista. En parte como consecuencia del aumento del desempleo y la falta de oportunidades económicas, la caída de los salarios reales y los ingresos familiares, aumento de la pobreza y el aumento de la concentración de la riqueza, y a que el gobierno de EE.UU. se enfrenta a una crisis fiscal histórica. La influencia dominante de las empresas sobre el gobierno de los EE.UU., sobre todo por los grandes bancos, el debilitamiento gubernamental a nivel federal y las políticas destructivas de impuestos están agravando los problemas económicos que enfrenta Estados Unidos.

A menos que se implementen reformas estructurales o se produzca un colapso hiperinflacionista (debido a los problemas fiscales del gobierno de los EE.UU.), el deterioro de la economía de EE.UU. continuará y se acelerará. A medida que su economía continúa en descenso, la salud pública, nutrición y educación, así como la infraestructura del país, se deterioran visiblemente y el estado tercermundista de los Estados Unidos se hará evidente.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

SOMOS EL 99%

Un artículo digno de leer, publicado en El País y firmado por Joseph Stiglitz. Sin más les dejo con su lectura que espero sirva de reflexión.

La globalización de la protesta
JOSEPH E. STIGLITZ 06/11/2011

El movimiento de protesta que nació en enero en Túnez, para luego extenderse a Egipto y de allí a España, ya es global: la marea de protestas llegó a Wall Street y a diversas ciudades de Estados Unidos. La globalización y la tecnología moderna ahora permiten a los movimientos sociales trascender las fronteras tan velozmente como las ideas. Y la protesta social halló en todas partes terreno fértil: hay una sensación de que el "sistema" fracasó, sumada a la convicción de que, incluso en una democracia, el proceso electoral no resuelve las cosas, o por lo menos, no las resuelve si no hay de por medio una fuerte presión en las calles. En mayo visité el escenario de las protestas tunecinas; en julio, hablé con los indignados españoles; de allí partí para reunirme con los jóvenes revolucionarios egipcios en la plaza de Tahrir de El Cairo; y hace unas pocas semanas, conversé en Nueva York con los manifestantes del movimiento Ocupar Wall Street (OWS). Hay una misma idea que se repite en todos los casos, y que el movimiento OWS expresa en una frase muy sencilla: "Somos el 99%".

Este eslogan remite al título de un artículo que publiqué hace poco. El artículo se titula Del 1%, por el 1% y para el 1%, y en él describo el enorme aumento de la desigualdad en Estados Unidos: el 1% de la población controla más del 40% de la riqueza y recibe más del 20% de los ingresos. Y los miembros de este selecto estrato no siempre reciben estas generosas gratificaciones porque hayan contribuido más a la sociedad (esta justificación de la desigualdad quedó totalmente vaciada de sentido a la vista de las bonificaciones y de los rescates); sino que, a menudo, las reciben porque, hablando mal y pronto, son exitosos (y en ocasiones corruptos) buscadores de rentas.

No voy a negar que dentro de ese 1% hay algunas personas que dieron mucho de sí. De hecho, los beneficios sociales de muchas innovaciones reales (por contraposición a los novedosos "productos" financieros que terminaron provocando un desastre en la economía mundial) suelen superar con creces lo que reciben por ellas sus creadores.

Pero, en todo el mundo, la influencia política y las prácticas anticompetitivas (que a menudo se sostienen gracias a la política) fueron un factor central del aumento de la desigualdad económica. Una tendencia reforzada por sistemas tributarios en los que un multimillonario como Warren Buffett paga menos impuestos que su secretaria (como porcentaje de sus respectivos ingresos), o donde los especuladores que contribuyeron a colapsar la economía global tributan a tasas menores que quienes ganan sus ingresos trabajando.

Se han publicado en estos últimos años diversas investigaciones que muestran lo importantes que son las ideas de justicia y lo arraigadas que están en las personas. Los manifestantes de España y de otros países tienen derecho a estar indignados: tenemos un sistema donde a los banqueros se los rescató, y a sus víctimas se las abandonó para que se las arreglen como puedan. Para peor, los banqueros están otra vez en sus escritorios, ganando bonificaciones que superan lo que la mayoría de los trabajadores esperan ganar en toda una vida, mientras que muchos jóvenes que estudiaron con esfuerzo y respetaron todas las reglas ahora están sin perspectivas de encontrar un empleo gratificante.

El aumento de la desigualdad es producto de una espiral viciosa: los ricos rentistas usan su riqueza para impulsar leyes que protegen y aumentan su riqueza (y su influencia). En la famosa sentencia del caso Citizens United, la Corte Suprema de Estados Unidos dio a las corporaciones rienda suelta para influir con su dinero en el rumbo de la política. Pero mientras los ricos pueden usar sus fortunas para hacer oír sus opiniones, en la protesta callejera la policía no me dejó usar un megáfono para dirigirme a los manifestantes del OWS.

A nadie se le escapó este contraste: por un lado, una democracia hiperregulada, por el otro, la banca desregulada. Pero los manifestantes son ingeniosos: para que todos pudieran oírme, la multitud repetía lo que yo decía; y para no interrumpir con aplausos este "diálogo", expresaban su acuerdo haciendo gestos elocuentes con las manos.

Tienen razón los manifestantes cuando dicen que algo está mal en nuestro "sistema". En todas partes del mundo tenemos recursos subutilizados (personas que desean trabajar, máquinas ociosas, edificios vacíos) y enormes necesidades insatisfechas: combatir la pobreza, fomentar el desarrollo, readaptar la economía para enfrentar el calentamiento global (y esta lista es incompleta). En Estados Unidos, en los últimos años se ejecutaron más de siete millones de hipotecas, y ahora tenemos hogares vacíos y personas sin hogar.

Una crítica que se les hace a los manifestantes es que no tienen un programa. Pero eso supone olvidar cuál es el sentido de los movimientos de protesta. Son ellos una expresión de frustración con el proceso electoral. Son una alarma.

Las protestas globalifóbicas de 1999 en Seattle, en lo que estaba previsto como la inauguración de una nueva ronda de conversaciones comerciales, llamaron la atención sobre las fallas de la globalización y de las instituciones y los acuerdos internacionales que la gobiernan. Cuando los medios de prensa examinaron las reclamaciones de los manifestantes, vieron que contenían mucho más que una pizca de verdad. Las negociaciones comerciales subsiguientes fueron diferentes (al menos en principio, se dio por sentado que serían una ronda de desarrollo y que buscarían compensar algunas de las deficiencias señaladas por los manifestantes) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) encaró después de eso algunas reformas significativas.

Es similar a lo que ocurrió en la década de 1960, cuando en Estados Unidos los manifestantes por los derechos civiles llamaron la atención sobre un racismo omnipresente e institucionalizado en la sociedad estadounidense. Aunque todavía no nos hemos librado de esa herencia, la elección del presidente Barack Obama muestra hasta qué punto esas protestas fueron capaces de cambiar Estados Unidos.

En un nivel básico, los manifestantes actuales piden muy poco: oportunidades para emplear sus habilidades, el derecho a un trabajo decente a cambio de un salario decente, una economía y una sociedad más justas. Sus esperanzas son evolucionarias, no revolucionarias. Pero en un nivel más amplio, están pidiendo mucho: una democracia donde lo que importe sean las personas en vez del dinero, y un mercado que cumpla con lo que se espera de él.

Ambos objetivos están vinculados: ya hemos visto cómo la desregulación de los mercados lleva a crisis económicas y políticas. Los mercados solo funcionan como es debido cuando lo hacen dentro de un marco adecuado de regulaciones públicas; y ese marco solamente puede construirse en una democracia que refleje los intereses de todos, no los intereses del 1%. El mejor Gobierno que el dinero puede comprar ya no es suficiente.

martes, 8 de noviembre de 2011

CRISIS Y SOLIDARIDAD; DOS CONCEPTOS ANTAGÓNICOS

En esta crisis cada palo va a tener que aguantar su vela, lo único que impide que el desenlace se acelere es lo enmarañado y entrecruzado que está el mapa de la deuda a nivel internacional. Aquí tienen una muestra de la colaboración y la solidaridad entre países, todo un ejemplo de comportamiento.

El problema de Italia es que se dirige a una profunda recesión

Martes, 08 de Noviembre de 2011 Carlos Montero (La carta de la bolsa)

El diferencial del bono italiano a 10 años frente al bund alemán llegó ayer a superar la barrera de los 460 puntos básicos, por encima ya de la importante marca de los 450 pbs que podría desencadenar una subida de las garantías y catalizar una espiral de ventas. La rentabilidad sobrepasó el 6,60% y la marca psicológica del 7% - que algunos creen un punto clave que hace insostenible la dinámica de deuda en el medio plazo - ya está en el punto de mira de los inversores.

El Banco Central Europeo ha comprado tiempo marcando ciertas líneas de intervención en los mercados. Sin embargo, la presión vendedora del mercado ha provocado que el BCE acumule 80.000 millones de euros de deuda italiana y se acerque cada vez más a su límite de intervención.

“Las manos del BCE están atadas”, dice Ambrose Evans, en The Telegraph. El veto alemán y las limitaciones del tratado de la UE le impiden intervenir con la fuerza abrumadora que tiene un prestamista de último recurso genuino. El banco está en riesgo de sobre-extensión masiva sin un tesoro de la UE y sin una única entidad soberana que lo respalde.

Esta falta de un garante final que respalde todas las operaciones es un fallo imperdonable en la estructura institucional de la unión monetaria. Como argumenta el profesor de Berkeley, Brad DeLong, “la indiferencia absoluta ante la inestabilidad financiera - y mucho menos para el bienestar de los trabajadores y de las empresas que conforman la economía - es una ruptura radical con la tradición de los bancos centrales.”

Mario Draghi, en su debut como presidente del Banco Central Europeo, siguió obedientemente las directrices alemanas al decir que las compras de bonos sólo podrían estar justificadas si son “temporales”, “limitadas en la cantidad”, y comprometidas a restaurar “la transmisión monetaria”. Sería “absurdo” que el BCE intente reducir la rentabilidad de los bonos durante un largo periodo de tiempo.

Él no podía decir otra cosa, sobre todo como italiano que trata de seducir a un ejército de críticos alemanes. Los legisladores alemanes habían establecido días antes que el BCE debe retirar las compras de bonos existentes como condición para la aprobación del renovado fondo de rescate en el Bundestag.

Sin embargo, la maquinaria fiscal europea de rescate sigue siendo una ficción.

El mercado ha emitido ya su veredicto sobre los planes para “apalancar” el fondo de rescate europeo (FEEF) en 1 billón de euros para asegurar la “primera pérdida” sobre los bonos italianos y españoles, al ver que este plan tiene un riesgo que podría ser letal para la calificación AAA de Francia.

Los diferenciales de los bonos del FEEF a 5 años se han triplicado a 151 puntos básicos, dejando a Japón y a otros inversores que compraron en sus primeras etapas con unas grandes pérdidas. El fondo sufrió un varapalo al suspenderse una subasta la semana pasada, recortando la emisión desde 5.000 millones de euros a 3.000 millones por la falta de demanda.

Gary Jenkins de Evolution Securities, ha señalado que lo más alarmante es que el FEEF está sufriendo para acceder a los mercados de capitales. “Si las cosas siguen así, es probable que el fondo de rescate necesite un rescate”, dijo.

El intento europeo para ampliar la red de acreedores entre los países que poseen grandes reservas de divisas llegó casi al desprecio en Cannes y un serio correctivo por parte de Dilma Rousseff. “Yo no tengo la menor intención de contribuir directamente al fondo de rescate; si ellos no están dispuestos a hacerlo, ¿por qué tendría que hacerlo yo?”

Europa está recurriendo a tales numeritos porque sus países más ricos, sobre todo Alemania, todavía se niegan a hacer frente a las implicaciones de ruptura de una moneda que ellos mismos han creado.

“Podemos discutir sobre los detalles, pero la fórmula necesaria - si se desea salvaguardar la UEM -, implica sin duda, alguna forma de eurobonos, deuda conjunta, transferencias fiscales, y por supuesto, la revolución constitucional que va unida a todo esto”, dice Evans. “Con eso por lo menos se ganaría tiempo, aunque dudo que incluso la unión fiscal pueda cerrar alguna vez la brecha Norte-Sur.”

Las tribulaciones de Italia, tienen poco que ver con el drama paralelo de Grecia. El país se encuentra de repente en la mira de todos los inversores por la sencilla razón de que su economía se hunde en una recesión profunda.

Las implicaciones de una recaída en la zona del euro son terribles para Italia, ya están lidiando con una pérdida crónica del 40% en su competitividad laboral contra Alemania y un colapso del -70% en la inversión extranjera directa desde 2007.

Un informe realizado por los consultores italianos REF Ricerche advierte que Italia se mantendrá en recesión en 2012 y 2013. La misma caída económica es la que está causando el desajuste fiscal, no la falta de rigor presupuestario. “Lo que está minando la credibilidad de las cuentas públicas de Italia en el medio plazo es la falta de perspectivas de crecimiento”, dijo.

Sin embargo, Angela Merkel y Nicolas Sarkozy continúan pidiendo a Italia que tome más medidas fiscales de austeridad aunque la economía italiana acelere su declive, y a pesar de que es uno de los pocos países en el club de la OCDE con un superávit presupuestario primario, y aunque su deuda pública y privada es sólo del 250% del PIB - muy por debajo de la de Holanda, Francia, Reino Unido, EE.UU. o Japón. Los dictados de la política de la UE se están desquiciando.

La crisis de Italia va a profundizarse, por razones fundamentales y no importa si está o no está Berlusconi en el gobierno. Es difícil ver cómo una misión política de la UE - disfrazada con ropas del Fondo Monetario Internacional - pueda lograr cualquier cosa más allá de inflamar el fervor patriótico italiano.

El ministro Roberto Calderoli (Liga Norte), cuando se le pidió el pasado fin de semana si “realmente vale la pena” permanecer en la Unión Europea, dio un indicio de, en última instancia, ha donde conduce esta equivocada euro-intromisión. “El Tratado de Lisboa tiene un montón de aspectos negativos, pero un buen punto: usted puede abandonar Europa”.

Fuentes: Ambrose Evans

jueves, 3 de noviembre de 2011

LA DEPRESIÓN SOCIAL A LA QUE LLEVA LA CRISIS ECONÓMICA NO ES INEVITABLE

Se siguen alzando las voces de algunos economistas para manifestar que las acciones que se están tomando para "solucionar" esta crisis, distan mucho de ser las únicas posibles. En este caso es el premio Nobel de economía Paul Krugman que como ya se indicó en este blog, (aquí) pone a Islandia como ejemplo de otro tipo de actitud de los poderes públicos hacia la sociedad. No obstante conviene recordar que incluso en Islandia fueron la opinión pública y las manifestaciones de los ciudadanos las que obligaron al gobierno a tomar otro tipo de soluciones más ecuánimes.


Islandia, el camino que no tomamos
PAUL KUGMAN 30/10/2011 (El País)

Los mercados financieros están celebrando el pacto alcanzado en Bruselas a primera hora del jueves. De hecho, en relación con lo que podría haber sucedido (un amargo fracaso para ponerse de acuerdo), que los dirigentes europeos se hayan puesto de acuerdo en algo, por imprecisos que sean los detalles y por deficiente que resulte, es un avance positivo.

Pero merece la pena retroceder para contemplar el panorama general, concretamente el lamentable fracaso de una doctrina económica, una doctrina que ha infligido un daño enorme tanto a Europa como a Estados Unidos.

La doctrina en cuestión se resume en la afirmación de que, en el periodo posterior a una crisis financiera, los bancos tienen que ser rescatados, pero los ciudadanos en general deben pagar el precio. De modo que una crisis provocada por la liberalización se convierte en un motivo para desplazarse aún más hacia la derecha; una época de paro masivo, en vez de reanimar los esfuerzos públicos por crear empleo, se convierte en una época de austeridad, en la cual el gasto gubernamental y los programas sociales se recortan drásticamente.

Nos vendieron esta doctrina afirmando que no había ninguna alternativa -que tanto los rescates como los recortes del gasto eran necesarios para satisfacer a los mercados financieros- y también afirmando que la austeridad fiscal en realidad crearía empleo. La idea era que los recortes del gasto harían aumentar la confianza de los consumidores y las empresas. Y, supuestamente, esta confianza estimularía el gasto privado y compensaría de sobra los efectos depresores de los recortes gubernamentales.

Algunos economistas no estaban convencidos. Un escéptico afirmaba cáusticamente que las declaraciones sobre los efectos expansivos de la austeridad eran como creer en el "hada de la confianza". Bueno, vale, era yo.

Pero, no obstante, la doctrina ha sido extremadamente influyente. La austeridad expansiva, en concreto, ha sido defendida tanto por los republicanos del Congreso como por el Banco Central Europeo, que el año pasado instaba a todos los Gobiernos europeos -no solo a los que tenían dificultades fiscales- a emprender la "consolidación fiscal".

Y cuando David Cameron se convirtió en primer ministro de Reino Unido el año pasado, se embarcó inmediatamente en un programa de recortes del gasto, en la creencia de que esto realmente impulsaría la economía (una decisión que muchos expertos estadounidenses acogieron con elogios aduladores).

Ahora, sin embargo, se están viendo las consecuencias, y la imagen no es agradable. Grecia se ha visto empujada por sus medidas de austeridad a una depresión cada vez más profunda; y esa depresión, no la falta de esfuerzo por parte del Gobierno griego, ha sido el motivo de que en un informe secreto enviado a los dirigentes europeos se llegase la semana pasada a la conclusión de que el programa puesto en práctica allí es inviable. La economía británica se ha estancado por el impacto de la austeridad, y la confianza tanto de las empresas como de los consumidores se ha hundido en vez de dispararse.

Puede que lo más revelador sea la que ahora se considera una historia de éxito. Hace unos meses, diversos expertos empezaron a ensalzar los logros de Letonia, que después de una terrible recesión se las arregló, a pesar de todo, para reducir su déficit presupuestario y convencer a los mercados de que era fiscalmente solvente. Aquello fue, en efecto, impresionante, pero para conseguirlo se pagó el precio de un 16% de paro y una economía que, aunque finalmente está creciendo, sigue siendo un 18% más pequeña de lo que era antes de la crisis.

Por eso, rescatar a los bancos mientras se castiga a los trabajadores no es, en realidad, una receta para la prosperidad. ¿Pero había alguna alternativa? Bueno, por eso es por lo que estoy en Islandia, asistiendo a una conferencia sobre el país que hizo algo diferente.

Si han estado leyendo las crónicas sobre la crisis financiera, o viendo adaptaciones cinematográficas como la excelente Inside Job, sabrán que Islandia era supuestamente el ejemplo perfecto de desastre económico: sus banqueros fuera de control cargaron al país con unas deudas enormes y al parecer dejaron a la nación en una situación desesperada.

Pero en el camino hacia el Armagedón económico pasó una cosa curiosa: la propia desesperación de Islandia hizo imposible un comportamiento convencional, lo que dio al país libertad para romper las normas. Mientras todos los demás rescataban a los banqueros y obligaban a los ciudadanos a pagar el precio, Islandia dejó que los bancos se arruinasen y, de hecho, amplió su red de seguridad social. Mientras que todos los demás estaban obsesionados con tratar de aplacar a los inversores internacionales, Islandia impuso unos controles temporales a los movimientos de capital para darse a sí misma cierto margen de maniobra.

¿Y cómo le está yendo? Islandia no ha evitado un daño económico grave ni un descenso considerable del nivel de vida. Pero ha conseguido poner coto tanto al aumento del paro como al sufrimiento de los más vulnerables; la red de seguridad social ha permanecido intacta, al igual que la decencia más elemental de su sociedad. "Las cosas podrían haber ido mucho peor" puede que no sea el más estimulante de los eslóganes, pero dado que todo el mundo esperaba un completo desastre, representa un triunfo político.

Y nos enseña una lección al resto de nosotros: el sufrimiento al que se enfrentan tantos de nuestros ciudadanos es innecesario. Si esta es una época de increíble dolor y de una sociedad mucho más dura, ha sido por elección. No tenía, ni tiene, por qué ser de esta manera.