martes, 25 de octubre de 2011

DESMONTANDO EL ESTADO DEL BIENESTAR III: LO LLAMARÁN FLEXIBILIDAD

Sin más comentarios les dejo con el siguiente artículo de como se está construyendo el "nuevo modelo".

Por qué lo llaman flexibilidad de gestión


Viernes, 21 de Octubre de 2011 Santiago Niño Becerra (La Carta de la Bolsa)

Lo he utilizado anteriormente, ya, pero es que es genial: “¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?” (Manuel Gómez Pereira, 1993). Uso de nuevo el título porque va como anillo al dedo al plan que el Gobierno de la Generalitat de Catalunya está estudiando para la sanidad catalana: un giro copernicano a un modelo que hoy se considera agotado pero que hace cinco años era aplaudido y ensalzado. ¿Qué ha sucedido?, ¿qué ha pasado?.

El Gobierno de la Generalitat de Catalunya, pienso, no hace sino seguir la senda que empezó Ms. Thatcher en The UK en los años 80, una senda que tiene muchos caminos laterales y muchos vericuetos que hacen desandar lo andado, pero una senda que lleva una dirección única: reducir el peso del gasto público en, en este caso, la sanidad. Y no, no pienso que sea por afán de lucro: para dar de ganar ‘a sus amigos’, la razón por la que Gobiernos de distintos países y regiones han abordado tal reducción: recordemos la Agenda 2010 de Gerhard Schröder en Alemania, es pura y simplemente porque el modelo de protección social está dejando de ser necesario y, a la vez, se está tornando crecientemente más caro, es decir, más absorbedor de gasto público, un gasto público que se ha de nutrir de ingresos públicos (aunque en estos últimos tiempos se haya estado nutriendo, en gran medida, de deuda).

No pilla de nuevo, no, los ecos de cambios vienen de atrás, de meses atrás: lo vimos en Portugal, en Castilla La Mancha, nuevamente en Portugal, aquí, en Catalunya, en una conferencia que el Conseller de Economía pronunció hace unas semanas, una conferencia crucial para entender la tendencia que-está-viniendo. (Hice una mención a tal charla en una reciente colaboración en L’Econòmic (aquí). Está en catalán, pero se entiende: estas cosas siempre se entienden).

La tendencia …, y, ¿qué tendencia es esa?. El modelo de protección social (educación universal y gratuita, sanidad general y completa, pensiones de jubilación, subsidio de desempleo, subvenciones y ayudas diversas, …), fue puesto en marcha tras la II Guerra Mundial por dos razones: 1) para evitar que una miserizada clase obrera escuchara cosas no convenientes y que de resultas de eso se rebotara, y 2) para contribuir al crecimiento a través del gasto público. A los-que-tenían les costó algo: impuestos director progresivos, pero se les dejó abierta una puerta: los paraísos fiscales, y a los que tenían menos se les vendió que eso que tenían que pagar de más sería para el bien común. Además algo jugaba a favor del esquema: el modelo exigía el pleno empleo de los factores productivos por lo que la gente pagaba impuestos; además la esperanza de vida era la que era: mucho menor que ahora; y la tecnología médica tenía el nivel de desarrollo que tenía: de museo en comparación con el actual. Hoy nada de eso se cumple.

La clase obrera da igual lo que oiga porque, entre otras razones, como se le ha permitido que accediese a muchas cosas, tiene miedo a perderlas; por otro lado, cada vez hace falta menos gente para producir lo que sea, por lo que del pleno empleo, na-de-na; pero si cada vez menos gente es necesaria la recaudación fiscal desciende, sin embargo la esperanza de vida aumenta, y el coste de la tecnología médica cada vez es mayor. En USA, que son muy listos, ya lo vieron en los años 30: Roosevelt instauró las pensiones de jubilación, pero aunque se consideró incluir la asistencia médica, al final se dejó fuera, y Johnson, en su Great Society ni se lo planteó. En Europa, sí, por lo que ahora hay que desmontar todo eso, y en España también, aunque al modelo de protección social llegamos con retraso (como en todo), y más si cabe porque los problemas de ingresos son mayores y más lo serán.

Le llaman, le llamarán, ‘reestructuración’, ‘reorganización’, ’gestión eficiente del gasto’, ‘racionalización de las coberturas’, ‘flexibilización de las prestaciones’, y de mil maneras más, y eso que se dice que se va a hacer se hará, y el modelo, en este caso el de la sanidad pública, estará más organizado, será más racional, se flexibilizará, pero el nivel de atención del usuario descenderá, ¿por qué lo digo?, pues porque en todos los sitios y lugares en los que se ha afrontado un proceso como este ha sucedido; lo que no quiere decir que no tuviese que hacerse, ni que la atención que esos usuarios recibían tuvieran que recibirla; pero descenderá, seguro, y quienes puedan pagar otras sanidades complementarias las pagarán, y quienes no puedan no lo harán, lo que tampoco quiere decir que no tenga que ser así: ¿no se está acabando con la redistribución?.

Tremendo, ya. Hemos tenido algo, hemos disfrutado de algo que pagábamos (aunque de media se recibía más de lo que se daba), que ya ni es posible, ni es necesario, ni es deseable. Llegados a este punto la pregunta es donde se halla el límite a este modo de hacer, perdón, donde será establecido el límite. Por ejemplo, ¿a toda la población se le tiene que garantizar la misma esperanza de vida?. No se escandalicen: esas preguntas se plantearán. Insisto: ¿donde será establecido el límite?.

Y el 21,8% de la población censada en España es pobre: el INE ayer. Los primeros cálculos fiables sobre la dimensión de la pobreza en España datan de 1982: el 20%. Nunca en España la tasa de pobreza ha descendido por debajo del 18%, ¿ni cuándo ‘España iba bien’?, no, ni entonces. De forma reiterada, vaya bien España o vaya peor, un español de cada cinco es pobre, claro, que ahora es peor: lo es uno de cada 4,6.

(Pienso que el presidente de la CEOE se equivoca: mucho: el que la salida de una empresa del factor trabajo no necesario sea barata (o gratis), no garantiza en absoluto que la demanda de trabajo sea mayor. En el 2007, con la legislación laboral que ahora las patronales demonizan y que el Gobierno -cualquiera- está de acuerdo en desguazar, España alcanzó la tasa de paro más reducida de la Historia reciente (era ficticia, ya, pero esa y todas las demás: el subempleo); ¿cómo se explica eso con el argumento de abaratar el despido?. Más. En USA, país en el que el despido es libre y ultrabarato para la gente de a pie, la realidad del desempleo ha alcanzado cotas calificadas de drama nacional por el presidente de la FED: el 50% de las personas desempleadas en USA son parados de larga duración; ¿qué explicación se da a eso desde la óptica del abaratamiento del despido?.

¡No, no y no!, se contrata a quien se necesita y la precarización y el abaratamiento de las condiciones laborales no incrementan la demanda de trabajo, sólo llevan al mantenimiento de modelos productivos de bajo valor en los que la competencia en costes bajos permita la supervivencia de subsectores en el borde de la marginalidad, de eso, en España, en nuestro turismo sabemos mucho.

Es muy posible que la CEOE consiga la indemnización de 12 días por año trabajado, pero la demanda de trabajo no crecerá porque eso depende de otras cosas, de cosas que España no cumple ni puede cumplir, y la CEOE lo sabe).

domingo, 9 de octubre de 2011

LO QUE MUCHA PERSONAS CON SENTIDO COMÚN PENSAMOS DE LA ECONOMÍA, DICHO POR UN PREMIO NOBEL

La cura para la economía

Joseph E. Sticlitz 09/10/2011 (El País)

La crisis económica iniciada en 2007 continúa; mientras tanto, una pregunta obvia ronda las cabezas de todos: ¿por qué? Si no logramos una mejor comprensión de las causas de la crisis no podremos implementar una estrategia eficaz de recuperación. Y por el momento no tenemos ni lo uno ni lo otro.

Se nos dijo que fue una crisis financiera y que por eso los Gobiernos de ambos lados del Atlántico se concentraron en los bancos. Se nos aseguró, además, que los planes de estímulo eran un paliativo temporal necesario para pasar el mal momento, hasta que el sector financiero se recuperara y resurgiera el crédito privado. Pero mientras el sector bancario tiene otra vez su rentabilidad y sus bonus, el crédito no se ha recuperado, a pesar de que los tipos de interés a corto y largo plazo están en mínimos históricos.

Los bancos aseguran que lo que restringe el crédito es la falta de acreedores fiables, producto del mal estado de la economía. Y algunos datos clave indican que tienen razón, al menos en parte. Las grandes empresas atesoran unos cuantos billones de dólares en reservas de efectivo, o sea, que no es la falta de dinero lo que les impide invertir y tomar trabajadores. Pero para algunas empresas pequeñas, quizá para muchas, la situación es muy diferente: están tan necesitadas de fondos que no pueden crecer, y muchas se ven obligadas a menguar.

Sea como sea, la inversión empresarial en términos generales (sin contar la construcción) está otra vez en un 10% del PIB (antes de la crisis era del 10,6%). Con el excedente que hay en el sector inmobiliario, no es de esperar que la confianza vuelva pronto a los niveles de antes de la crisis (independientemente de las medidas que se tomen en relación con el sector bancario).

El factor evidente que precipitó la crisis fue la imprudencia imperdonable del sector financiero, sumada a la insensatez de una desregulación que le dio rienda suelta. La herencia que nos dejó (excedente en el sector inmobiliario y hogares demasiado endeudados) dificulta todavía más la recuperación.

Pero la economía ya se encontraba muy mal antes de la crisis, y la burbuja inmobiliaria no hizo más que ocultar sus debilidades. Si no se hubiera inflado la burbuja para estimular el consumo, se habría producido una enorme escasez de demanda agregada. Lo que ocurrió, en cambio, fue que la tasa de ahorro personal se redujo a apenas el 1%, mientras que el 80% de los estadounidenses menos pudientes gastaban cada año aproximadamente el 110% de sus ingresos. Incluso si el sector financiero se recuperara completamente y estos estadounidenses pródigos no hubieran aprendido nada sobre la importancia del ahorro, su consumo no superaría el 100% de sus ingresos. Así que todos los que hablan de un regreso del consumo (incluso después del desendeudamiento) viven en un mundo de fantasía.

Es cierto que para una recuperación económica era necesario poner en orden el sector financiero, pero esto no es suficiente. Para comprender las medidas que hay que tomar debemos entender los problemas que afectaban a la economía antes de la crisis.

En primer lugar, EE UU y el mundo fueron víctimas de su propio éxito. El acelerado aumento de la productividad en el sector industrial superó el crecimiento de la demanda, lo que supuso una reducción del nivel de empleo en ese sector. Esto implicaba un desplazamiento de mano de obra al sector de los servicios.

El problema es similar al que se presentó a principios del siglo XX, cuando un rápido crecimiento de la productividad en el sector agrícola obligó a la mano de obra a mudarse de las áreas rurales a los centros fabriles urbanos. Con una caída de los ingresos agrícolas superior al 50% entre 1929 y 1932, era de esperar que se produjera una migración a gran escala. Pero los trabajadores quedaron atrapados en el sector rural porque no tenían recursos para trasladarse, y la caída de sus ingresos debilitó de tal modo la demanda agregada que el desempleo industrial y urbano se disparó.

La necesidad que tienen EE UU y Europa de retirar mano de obra del sector industrial se agrava por el cambio de las ventajas comparativas: además de que hay un límite global para la cantidad de empleos fabriles, una proporción mayor de esos puestos de trabajo se irá a otros países.

Mientras tanto, la globalización fue uno de los factores (aunque no el único) que contribuyeron a que surgiera el segundo problema clave: el aumento de la desigualdad. Como una parte de los ingresos se trasladó de personas que los gastan a personas que no los gastan, la demanda agregada se redujo. Asimismo, el enorme encarecimiento de la energía derivó poder adquisitivo de EE UU y Europa a los países productores de petróleo, que al darse cuenta de la volatilidad de sus precios eligieron acertadamente ahorrar gran parte de esta renta.

El tercer y último problema que contribuye a la debilidad de la demanda agregada global es la masiva acumulación de reservas en divisa extranjera por parte de los mercados emergentes (que en parte es una reacción a los errores cometidos por el Fondo Monetario Internacional y el Tesoro de EE UU en el manejo de la crisis asiática de 1997 y 1998). Al darse cuenta de que la falta de reservas los ponía en riesgo de perder la soberanía económica, muchos países se dijeron: "Nunca más". Pero si bien la acumulación de reservas los protegió (acumulación que en las economías emergentes y en vías de desarrollo actualmente anda por los 7,6 billones de dólares), el dinero que se destina a reservas es dinero que no se gasta.

En cuanto a la solución de estos problemas subyacentes, ¿dónde nos encontramos? En relación con el primero, como los países que acumularon grandes reservas pudieron capear mejor la crisis económica, el incentivo a seguir acumulando aumenta todavía más. Paralelamente, los banqueros tienen otra vez sus bonus, pero los trabajadores ven cómo sus salarios pierden valor y sus horas de trabajo se reducen, lo que amplía la brecha de ingresos. Encima, EE UU no se ha librado de su dependencia del petróleo. Este verano [del hemisferio norte] el precio del petróleo volvió a subir por encima de los 100 dólares por barril (y todavía se mantiene alto), lo que significa una nueva transferencia de divisas a los países exportadores de petróleo. Mientras tanto, la transformación estructural de las economías avanzadas, necesaria para poder retirar mano de obra de los sectores industriales tradicionales, avanza muy lentamente.

El Estado es un actor protagonista en la financiación de los servicios que necesita la gente, por ejemplo, la educación y la atención de la salud. Y para restaurar la competitividad en Europa y EE UU, los programas de educación y formación con fondos estatales serán fundamentales. Pero a ambos lados del Atlántico se optó por la austeridad fiscal, con lo que prácticamente está garantizado que la transición de esas economías será lenta.

La receta para el mal que aqueja a la economía global se deduce inmediatamente a partir del diagnóstico: hacen falta sólidos programas de gasto público que apunten a facilitar la reestructuración, promover el ahorro energético y reducir la desigualdad; y junto con esto, una reforma del sistema financiero internacional que cree alternativas a la acumulación de reservas.

Tarde o temprano, los líderes mundiales (y los votantes que los eligen) se darán cuenta de que es así, ya que, conforme las perspectivas de crecimiento sigan empeorando, no les quedará otra alternativa. ¿Pero cuánto sufrimiento deberemos soportar hasta que eso ocurra?

ANÁLISIS DE LA DEUDA EUROPEA

Estimado lector; en este proceso sin fin de trasvase de dinero público a manos privadas, estamos cerca de ver el enésimo capítulo.

Llevamos salvando a la banca desde 2007, cuando empezaron los problemas de liquidez en el sector financiero y los bancos centrales se aprestaron a proporcionar raudales de dinero barato para las entidades financieras, cosa que no han hecho con los países necesitados de recursos económicos para recuperar el pulso de su economía.

Una riada de expertos han hecho estudios y análisis para determinar las medidas que en forma de recortes sociales de todo tipo, se tienen que tomar en los países afectados para garantizar que los deudores terminen pagado su deuda o la mayor parte de ella. Deuda que crece cada vez más debido principalmente a dos factores: en primer lugar a los altos intereses, que incluso cuando hay rescates se les impone pagar, y en segundo termino debido al ahogamiento de la economía, que languidece al no contar con recursos suficientes para promover un crecimiento interno y haber desaparecido el estímulo externo, debido a la ola de austeridad que recorre el mundo.

Estamos dando pasos hacia un nuevo sistema por agotamiento del actual, con la resistencia de quienes controlan los recursos económicos, que imponen un tempo a su medida con acciones encaminadas no sólo a mantener su hegemonía sino a aumentarla, con la inestimable ayuda de sus acólitos políticos y de unos medios de comunicación cada vez más intervenidos que difunden las 24 horas del día el pensamiento único, mediante la retransmisión incesante de consignas, sin hablar de lo que realmente está pasando y entreteniendo a la población con fútbol y telebasura.

Mientras tanto el resto de la sociedad soporta toda la carga de la deuda creciente en forma de empobrecimiento y miseria. Además nos dicen que es necesario y que no se pueden hacer las cosas de otra manera.

Mientras me pregunto; ¿Para que nos sirven a los ciudadanos las rémoras de las televisiones autonómicas? ¿Para que nos sirve todo el entramado de instituciones públicas, estratificadas, sobredimensionadas y con duplicidad de funciones para dar de comer, y muy bien por cierto, a tanto tonto útil y tanto estómago agradecido? ¿Es realmente necesario degradar la sanidad pública y la educación publica como se está haciendo? ¿Si es realmente necesario, para los interés de quién? ¿A que tipo de tropelías se va a someter a la población cuando realmente haya que hacer frente al pago o renovación del grueso de la duda?

Les dejo con un interesante artículo publicado en La Carta de la Bolsa, en el que se disecciona la situación de la deuda en Europa, como está distribuida entre países y algunas interesantes conclusiones.

Nota: De interesante lectura La alianza impía

La deuda de nunca acabar


Viernes, 07 de Octubre de 2011 Santiago Niño Becerra

Hace unos días un lector me remitió un link verdaderamente interesante. Con él se accede a un gráfico interactivo elaborado por Reuters que recoge la exposición de las entidades financieras de los países indicados a la deuda total de Grecia, España, Irlanda, Italia y Portugal. Yo lo que he hecho es trabajar un poco los números que se obtienen del gráfico, y lo que sale son dos cuadros acongojantes. (El link lo tienen aquí).

En este cuadro, que llamaremos Cuadro 1, tienen la exposición total de las entidades financieras de los países que figuran a la izquierda a las deudas totales de los países cuyo nombre figura en la primera fila del cuadro, expresadas en miles de millones de dólares y a 31 de Marzo del año en curso.

En este otro, que denominaremos Cuadro 2, lo que tenemos es la exposición de las entidades financieras de los países de la columna de la izquierda a las deudas pública, de las entidades financieras y de familias más empresas de los países antes referidos, en las mismas unidades y a la misma fecha que dichas para el Cuadro 1.

¿Qué conclusiones pueden extraerse de ambos cuadros?.

De entrada, lo evidente: Cuadro 1: Grecia, Irlanda, Portugal, España e Italia deben a entidades financieras de los países señalados la friolera de más de dos billones de dólares: el PIB de España de dos años. Pero eso puede leerse de otra manera, ¡no!, debe leerse de otra manera: entidades financieras de Alemania, Francia, Reino Unido, Italia, Suiza, Estados Unidos, España y Japón tienen pendientes de cobro más de dos billones de dólares, a no ser que se los vendan a alguien. Una cifra mareante, sí.

Más. Del Cuadro 1 se deduce que de los cinco países emisores de deuda total contemplados, del que más deuda tiene Alemania es de España: el 34,1%; Francia de Italia: nada menos que el 61,1%; Reino Unido de Irlanda: 39,3%; Italia de España: 58,8%; USA de Irlanda: 33,6% y también de España: 33,1%; Suiza, de España: 37,9%; España, como ya era sabido, de Portugal: el 65,4%; y Japón de Italia: el 45,4%. ¿Qué quiere decir esto?, pues que muchas entidades bancarias están expuestas a la deuda de España, y que España tiene un problema gordo con Portugal y Francia con Italia.

Más aún. Como ven en el Cuadro 2 la exposición de las entidades financieras de los países relacionados se reparte entre deuda pública, deuda de entidades financieras y deuda de empresas no financieras y familias, pues bien esos más de dos billones que deben los PIIGS se reparten del modo siguiente: el 19,6% corresponde a la deuda pública, el 20,9% a la deuda de entidades financieras y el 59,5% al resto de deuda privada, resto del que, por otras informaciones, la deuda de las empresas se lleva la mayor parte. Es decir eso de que ‘la culpa es de la deuda pública’ se demuestra un absoluto y completo mito.

Pero ese mito abre la puerta a una habitación en la que es la deuda privada la que sobresale muy mucho por encima de la pública. En Grecia, el país que hoy está en el ojo de todos los huracanes, la deuda pública representa el 32,4% de la cantidad que de su deuda tienen las entidades financieras de los países indicados, mientras que la privada supone el 67,6%. O en España, donde día sí y día también se nos está abrasando con la deuda pública: sólo es el 16,7% de ese total alcanzando la privada el 83,3%. O Italia donde la primera representa el 29,1% y la privada el 70,9%.

¿Qué significa lo anterior?, pues que la cosa es mucho más grave de los que hasta ahora nos han contado. Si el gran deudor fuese el Sector Público, tijeras-hacha-podadora al gasto público y punto final, y si tienen que cerrar hospitales y todas las carreteras han de ser de peaje, pues que la gente se aguante, con hacer un pacto de sangre entre los políticos y sacar al ejército a la calle a que se cargue al que proteste se acabó el problema, y el Tribunal de Derechos Humanos que se vaya al cine; pero resulta que los endeudados son fundamentalmente las empresas y las entidades financieras y las familias: lo micro, lo-que-hace-que-no-se-pare-la-máquina, lo que mantiene viva la llama, y es aquí donde se ha agotado la capacidad de endeudamiento, por lo que, teniendo en cuenta que el consumo-de-todo es el motor de nuestro modelo (aún lo es) el problemón que tenemos es mayúsculo. Ya, ya: por eso esta es una crisis sistémica.

Más. De todos los países cuyas entidades financieras están expuestas y sobre el total de deuda contemplada -Cuadro 2-, las más pilladas son las entidades financieras francesas: tienen el 32,6%, a la zaga se hallan las alemanas con el 25,3%, a más distancia las británicas: el 16,9%. Ya, este porcentaje sólo tiene significado si los deudores no pagan, claro, por eso lo digo: ese porcentaje marca los efectos del tortazo en caso de impago. Separando por tipos de deuda, de los países contemplados Francia es la que tiene más deuda pública: el 40,2% del total, Alemania quien más deuda de entidades financieras acumula: el 38,3%, y nuevamente Francia acapara la mayor cantidad de deuda de familias y empresas: el 38,3%. Efectivamente: Francia se lleva la palma.

Los PIIGS deben a entidades financieras de ocho países más de dos billones, casi un billón y medio a tres: Alemania, Francia y Reino Unido, lo que es lógico: europeos debiendo a europeos; y de esos más de dos billones el 65,5% es debido por dos países: España e Italia. Bien, ahora viene lo mejor: a Grecia, con todo el megafollón que ha liado, tan sólo le corresponde el 5,5% de esos más de dos billones. Si Grecia con ese ridículo 5,5% ha liado la que ha liado, ¿se imaginan la que pueden liar España e Italia?.

Otra cosa interesante que ponen los números de manifiesto es que bien cierto es lo de cardar la lana y llevar la fama. Tomando como patrón a Grecia, el tamaño de la economía de Irlanda equivale al 0,54 veces la de aquella y la de Portugal a 0,78, sin embargo, el volumen de la deuda irlandesa en poder de las entidades financieras de los países enumerados es 3,51 veces la griega y la portuguesa 1,73 veces. Algo no cuadra, ¿verdad?, o sí. ¿Y qué pasa con España e Italia?, pues que la economía española es 4,3 veces mayor que la griega y la exposición a su deuda por las entidades financieras de los países referidos 4,95 la de aquella, bueno, existe una cierta relación, mucho mayor que en el caso de Italia: una economía 5,57 veces la griega pero con una deuda 6,91 veces superior.

Ya, todo lo anterior dice que las entidades financieras de Alemania, Francia y Reino Unido, fundamentalmente, tienen contraído un riesgo de narices con los PIIGS, y que estos deben la tira a las entidades financieras de aquellos, pero no dice lo principal: ¿podrán pagar los deudores a sus acreedores?. En cualquier caso eso no pueden responderlo estos cuadros.

Yo, si me lo permiten, me quedo con una cifra: ‘más de dos billones’: redonda, oronda, circular; la monda, vaya, sobre todo con la que está llegando.

(Si el FGDx3 va a nutrir al FROB habrá menos EUR para garantizar los sdos. de las ctas. de los cltes. de las entidades, ¿no?).


domingo, 2 de octubre de 2011

LA PRÓXIMA GRAN BURBUJA ESTÁ EN CHINA

Parece que en esta mal llamada segunda recesión -realmente es una etapa más dentro de la desarticulación por agotamiento del sistema- si finalmente se produce, y todo parece indicar que así será. China y el resto de los emergentes no van a poder esquivar el golpe ni amortiguar los efectos en otras economías. El siguiente artículo publicado en La Carta de la Bolsa es un reflejo de lo que comento.

China salta a la palestra y el miedo entra en los inversores

Viernes, 23 de Septiembre de 2011 Carlos Montero

El pasado lunes señalaba que por el mercado subyacía una gran sombra a la que pocos analistas hacían caso, deslumbrados por el gran foco de la crisis griega: la economía china. Pues bien, ayer saltó a las primeras planas de todos los flashes económicos después de que el dato preliminar elaborado por HSBC del índice de gestores de compra - PMI, por sus siglas en inglés - del sector manufacturero descendiera en septiembre hasta 49,4 desde el dato final de 49,9 en agosto. Por el mercado se estaba rumoreando que el dato podría escalar hasta 52. La caída del PMI ha reavivado los temores a una fuerte ralentización económica en China debido al debilitamiento de la demanda externa de productos chinos y a varias medidas de endurecimiento en el país asiático. Y esto se puede amplificar si finalmente, como creo, Estados Unidos y Europa entran en recesión. La pregunta está clara ¿podrá China esquivar de nuevo la recesión de los países desarrollados?

Para ponernos en situación retomamos los orígenes de la última recesión mundial, de la mano del influyente articulista Ambrose Evans.

Mientras sucedía, pocos se dieron cuenta que el “Efecto China” estaba provocando burbujas de crédito en todas partes, y que la variante en Europa era aún más perniciosa, porque los bancos estaban más apalancados, con responsabilidades mucho mayores, y la estructura de la UEM hizo que el daño se concentrara en los estados más débiles, sin ninguna política de defensa contra un colapso soberano.

Por el “Efecto China”, Evans quiere decir el tsunami comercial asiático que inundó los mercados occidentales y provocó la contención de los precios, desde zapatos y ropa, hasta lavadoras y paneles solares. Esto encandiló a los bancos centrales occidentales para que ejecutaran políticas monetarias super laxas durante veinte años y disfrazó la acumulación de burbujas de activos peligrosos.

A esto se le unió una “superabundancia de ahorro” en Asia, como lo llama Ben Bernanke. Las potencias emergentes acumularon 10 billones de dólares de reservas, ya sea porque las mantienen para obtener mayor cuota en el comercio mundial, o porque su estructura económica y social se ha orientado hacia el mercantilismo y la producción en exceso.

La tasa de consumo en China ha caído al 36% del PIB desde el 48% de la década de los 90. Las bibliotecas universitarias están llenas de tesis de doctorado tratando de explicar por qué. Algunos postulan la teoría del bienestar, con el argumento de que los ciudadanos de mayor edad deben ahorrar porque no tienen casi pensiones y para el gasto en salud. Otros dicen que China ha movilizado frenéticamente la infraestructura y la fabricación para ganar tiempo y contener la ira de los 200 millones de trabajadores migrantes.

Sea lo que sea: simplemente es que hay demasiada inversión mundial y poco consumo. El sistema está desquiciado.

El exceso de ahorro inundó los mercados mundiales de bonos, especialmente los mercados de la UEM, ya que los bancos centrales asiáticos diversificaban sus reservas en euros. Los fondos de pensiones se vieron obligados a buscar una mejor rentabilidad en activos y países de mayor riesgo.

Esta es la razón por la que Grecia fue capaz de financiarse vendiendo bonos a 10 años tan solo 26 puntos básicos por encima de los bonos alemanes, y España vender bonos a un precio más barato que en Alemania en los máximos del boom. O la razón por la que 1,8 billones de deuda pública en Italia no parecían ser un problema. Se escondieron todos los pecados.

El dinero era casi gratis para todos. Y lo pidieron Estados Unidos, Reino Unido, Islandia y también la eurozona. Pero al final China, en última instancia, será una víctima de su propia estructura, y aquí es donde estamos ahora. Estamos viendo el acto III de desenlace de esta obra. El mundo tendrá que sajar la herida producida por la deuda asiática antes de limpiar el camino para un nuevo ciclo de crecimiento mundial.

Los hechos son simples. China esquivó la gran contracción de 2008-2009 dando rienda suelta al crédito en una escala masiva.

El subdirector gerente del Fondo Monetario Internacional y ex-funcionario chino, Zhu Min, ha comentado que existe un riesgo potencial importante en China. Zhu dijo que China ha duplicado la proporción de préstamos desde por debajo del 100% del PIB antes de la crisis de Lehman hasta el 200% de ahora. Para poner esto en perspectiva, Fitch ha encontrado que Estados Unidos elevó su crédito en solo un 42% del PIB en el periodo de cinco años antes de que explotara la burbuja inmobiliaria. En Japón repuntó un 45% del PIB antes del crash del Nikkei y un 47% antes de la crisis de Corea.

La construcción de viviendas se está ejecutando a un 10% del PIB, en la misma tasa que en la burbuja de España de finales de 2006, y mucho más alto que Corea y Japón. La agencia Fitch dijo en julio que el crecimiento del crédito todavía estaba en una pauta del 38% durante este año, si se incluye financiación fuera de libros. “El apalancamiento es mayor de lo que parece. El sistema bancario chino es el más grande y de más rápido crecimiento, pero en general poco capitalizado respecto al resto de mercados emergentes”, dijo el autor del informe, Charlene Chu. La rentabilidad económica de cada uno de los yuanes adicionales de crédito se derrumbó desde el 0.75% al 0.18% después de Lehman. Aún no se ha recuperado totalmente.

“Todo el mundo necesita reducir sus expectativas sobre China”, dijo Lee Kaifu, el magnate de software del país. “Hay una amenaza aún más grande que un doble recesión mundial, y es una recesión prolongada, sin crecimiento y con políticas muy limitadas para luchar contra ella. Ya estamos en ella.”
Cheng Siwei, presidente de Foro Internacional de Finanzas de Beijing y ex vicepresidente del Comité Permanente del Partido Comunista, dijo que China está entrando en un período muy duro ya que el crecimiento se encuentra limitado por la inflación, paralizando al banco central. “La tasa de inflación y la tasa de crecimiento están en conflicto entre sí: es muy preocupante”, dijo. China se enfrenta al tipo de estanflación incipiente que afectó a Occidente en la década de 1970. Las cosas han llegado al punto de que incluso un ligero golpe en los frenos del banco central de China - frenando el crédito - es ya una amenaza para un aterrizaje forzoso (hard landing) de la economía.

Cheng dijo que las autoridades locales habían acumulado 1,7 billones de dólares de deuda, en su mayoría usando vehículos financieros. Esto volverá a aparecer. “El endurecimiento de la política monetaria está creando una gran cantidad de dificultades y causando impagos. Esta es nuestra versión de las subprime americanas y el gobierno se lo está tomando muy en serio”, dijo.

La gran cuestión que divide a los analistas es si veremos también una cadena de impagos en el sector inmobiliario. Lo que parece indudable es que estamos en una burbuja. El ratio precio de la vivienda respecto a los ingresos se encuentra entre el 16-22% en la ciudades del este de Shenzen, Shanghai, Beijin y Tianjin. Estos múltiplos son extremos vistos en el techo del boom estadounidense.

La revista Caixin Magazine informa que el promotor inmobiliario Guangzhoy R&F Properties está rebajando el precio de las viviendas en un 20% y otros promotores pueden seguir el mismo camino muy pronto.

China no es inmune a una ralentización económica global. Su política de represión del yuan frente al dólar y al euro no se ha podido esterilizar dando lugar a una burbuja de crédito importado de proporciones épicas. Su estrategia impulsada por las exportaciones ha dejado al país con una economía deformada que se basa en la permanente demanda de los agotados deudores de América y Europa.

Como dijo el primer ministro Wen Jiabao en Dalian, el desarrollo de China todavía no es equilibrado, ni coordinado ni sostenible. El próximo plan quinquenal debería cambiar la economía hacia un crecimiento interno. Bravo, pero muy tarde. China es muy vulnerable a una más que probable segunda etapa de depresión en Occidente y no podrá sacar un segundo conejo de la chistera.

Esto no va a detener el ascenso de China como la gran fuerza del siglo 21. Sin embargo, la historia económica nos ha enseñado dos reglas casi inquebrantables: 1) No hay escape de la resaca de crédito, y 2) los países con poderosos superávit comerciales sufren tanto como los estados con déficit - si no más - una vez que se desploma el ciclo económico.

Fuentes: Ambrose Evans