domingo, 22 de abril de 2012

DESMONTANDO EL ESTADO DEL BIENESTAR VI: LA ENCRUCIJADA DE LOS PRESUPUESTOS

Realmente los acontecimientos que han seguido a la publicación de los presupuestos hacen temer lo peor. El gobierno está siguiendo la política impuesta principalmente por Alemania, la política de la austeridad. Como es evidente, los intentos para reducir el déficit sin que medie el crecimiento económico no sólo no reducen el déficit sino que lo incrementan. Entre tanto el empobrecimiento del ciudadano continúa y se acelera, víctima de las políticas citadas.

Quedan excluidas del ajuste las grandes fortunas y las grandes empresas. Con lo que nos estamos quedando es con una creciente desigualdad social. Con una reforma laboral "creada para generar empleo" pero que fundamentalmente reduce los costes del despido y es una máquina de generar paro y precariedad. Con unos servicios públicos asfixiados por la falta de fondos para mantenerlos, en vías de ser progresivamente privatizados y teniendo que oír que todos los recortes se están haciendo para mantener el estado del bienestar. Con una reforma del sector financiero que ya veremos donde para y qué repercusiones tiene para el ciudadano.

Europa necesita un cambio pero España más. Es lamentable pero cierto, al día de hoy dependemos mucho más de las elecciones en Francia y aunque estén más lejanas, de las alemanas, que de lo que como país seamos capaces de hacer. La política de ser débil con los fuertes -nuestros acreedores- y ser fuerte con los débiles -los ciudadanos- que desafortunadamente es la que se está aplicando, nos está llevando por el camino de la depresión.

Sin más les dejo con el siguiente e interesante artículo.

El ajuste fiscal, Misión Imposible (de Jesús Fernández-Villaverde y Luis Garicano)

Por Luis Garicano a 22/03/2012

Ayer uno de nosotros hizo una presentación en Roma y tuvo que aguantar muchos comentarios sardónicos (puyazos, sí, pero bien intencionados, no os enfadéis con nuestros primos) de los economistas italianos a costa del reciente Sorpasso—la subida de nuestros tipos a largo plazo por encima de los suyos a partir del 28 de febrero (hoy el bono a 10 años de Italia renta el 4.99%, y el de España el5.40%, mientras que, a principios de año España pagaba el 5.11% e Italia por encima del 7%, ver Figura 1 ). “¡Enhorabuena, por fin estáis en el lugar de honor que os corresponde! “ nos decían con sorna, “¡A ver qué tal se os dan los focos de los mercados!” Luego, en despachos, pasillos y comidas, muchas conversaciones serias, todas empezando con la misma pregunta: “A ver, explícanos, ¿qué pasa con España?”
Figura 1. Bonos a 10 años de España e Italia

Les explicamos que, en nuestra opinión, ni la reforma laboral ni la financiera han sido las causas de tal cambio de percepción, ya que ambas han correspondido, o incluso superado, las expectativas del mercado. El problema ha sido la enorme desviación presupuestaria, del 41% sobre el objetivo, anunciada por el Ministerio de Hacienda precisamente el 27 de febrero, y la realidad de que, corregir tal desviación a la velocidad que nos exigen nuestros compromisos europeos, exige un ajuste de unas dimensiones sin precedentes. Y con un ajuste de la magnitud del que haría falta hacer, entraremos en un bucle infernal de caída del PIB, deterioro del sector bancario, restricción financiera para empresas y familias, incremento del desempleo, mayor deterioro del PIB, etc. España, les explicamos, tiene fundamentalmente un problema de deuda privada y del sector financiero, y necesita más del crecimiento económico para no agravar las cosas, que del rápido equilibrio presupuestario.

La Aritmética del Ajuste
Permitidnos repasar con cuidado esta aritmética. Imaginemos que cortamos el gasto público en 10.000 millones de Euros (un 1% del PIB en números redondos). ¿Cuál es el efecto sobre el déficit de las administraciones públicas?

Una reducción de gasto reduce el PIB. Esto es una propiedad de una clase de modelos muy grande (ocurre incluso en un modelo de ciclo real) y para la que la evidencia empírica es bastante aplastante (la discusión académica es sobre el tamaño de esta reducción, no sobre su existencia).

Para la economía española, una estimación razonables es que una reducción de estos 10.000 millones de gasto haría caer el PIB entre un 0.6~0.8%. Existe cierta incertidumbre porque hay fuerzas que lo pueden hacer mayor –la política monetaria de la Eurozona no responde a la política fiscal de España- y menor –una reducción de gasto puede ayudar a la prima de riesgo-. Nuestra distribución a priori es que estas dos fuerzas probablemente se cancelen la una a la otra y por eso pensamos que esa reducción de 0.6~0.8% es la mejor hipótesis.

¿Cómo cambia la recaudación cuando baja el PIB? Esto se mide por medio de las elasticidades de los impuestos a las variaciones del PIB. Para España es muy difícil evaluar estas elasticidades por los fortísimos cambios estructurales que hemos tenido en los últimos años. En otros países, con marcos más estables, los economistas han encontrado elasticidades que rondan 1.5. Dado que los impuestos son como un tercio del PIB en España, y por redondear, una caída del PIB de 1 punto nos reduce la recaudación como 0.5% del PIB. Por tanto, la recaudación bajará entre 3.000 y 4.000 millones.

¿Cómo cambia el gasto? Una caída del PIB hace subir, de manera automática, las prestaciones de desempleo y otras prestaciones sociales. Dado que muchas familias ya han agotado las suyas (o han caído en pagos menos generosos), vamos a ser relativamente cautos y asumir que una caída del PIB de 1% sólo te sube el gasto un 0.1%, unos 1000 millones.

Ahora ya estamos en condiciones de poner todos estos números juntos. El efecto sobre el déficit de reducir el gasto en unos 10.000 millones es:
6.000~5.000=10.000-(3.000~4.000)-1.000.

Por tanto, si queremos reducir el déficit del 8.51% al 5.3%, no hay que reducir el gasto en 32.000 millones, hay que reducirlo en unos 53.000~64.000 millones (y nuestra impresión es que es más cercano a 64.000 que a 53.000), lo cual es, francamente, imposible.

Insistimos que estos números que hemos realizado están sujetos a rangos de incertidumbre relativamente altos. Animamos al lector a que cambie los supuestos para tener sus propios cálculos, pero estos números tienen que ser razonables y estar basados en algún tipo de evidencia empírica y no ser el reflejo de los prejuicios ideológicos de cada uno.

¿Qué hacer?
En este contexto, el presupuesto que presentará el gobierno la semana que viene es de una complejidad sin precedentes. El gobierno tendrá que pasar entre la Escila del ajuste brutal que ponga la puntilla a nuestra economía y la Caribdis de aparecer ante nuestros socios europeos y ante el mercado como un país poco serio que “pasa” de las restricciones presupuestarias y de sus compromisos. Para ello, es fundamental guiar con cuidado las expectativas del mercado y de nuestros socios: no entrar en contradicciones, ni prometer lo incumplible, sino hacer un presupuesto serio, con compromisos plurianuales, que alcance casi el equilibrio en cuatro años con suavidad, sin prisa pero sin pausa, y que incida en los ajustes estructurales con menores efectos a corto plazo. No hay por qué hacer un fetiche del calendario, del 2012, del 2013, etc. Si España consigue hacer los recortes que es necesario hacer, con cuidado, pero de manera sistemática, conseguirá, aunque se desvíe del presupuesto, mantener la confianza del mercado y de nuestros socios.

Desgraciadamente, las decisiones de los primeros meses no inspiran mucha confianza en cuanto a que esto sea posible. Como nos contaban hace dos días Ignacio Conde y Juan Rubio, las medidas tributarias adoptadas al principio del año no sólo no resuelven el problema sino que empeoran el déficit estructural: la subida del IRPF aumenta la recaudación, en el mejor de los casos, en un .4% del PIB, mientras que la recuperada deducción por compra de vivienda tiene un coste anual en términos estructurales de alrededor de un .6% del PIB-es decir la política tributaria aprobada incrementa el déficit estructural.

Además, las declaraciones contradictorias sobre los objetivos y los niveles de déficit han dado la sensación al mercado de que el gobierno no tiene claro el problema, y los retrasos en la propuesta y trámite del presupuesto han incrementado la sensación de falta de rumbo. España, en una situación como la que está, no puede permitirse pasar 4 o 5 meses sin presupuesto (si se propone a fines de marzo y se aprueba en abril, no empezará a ejecutarse hasta mayo). Dada la aritmética que hemos descrito, sería muy difícil llegar al objetivo deseado en un año completo. Llegar en 8 meses parece de todo punto imposible.

Conclusión
En definitiva, el presupuesto de la semana que viene es casi misión imposible. Deseamos lo mejor al gobierno y a su equipo económico pero creemos que, para conseguir este objetivo, debe empezar por cambiar completamente la política de comunicación con el mercado sobre este tema y mostrar que entiende la gravedad de la situación.