sábado, 28 de abril de 2012

AUSTERIDAD SIN CRECIMIENTO, ESE CORSÉ DE HIERRO QUE ASFIXIA AL CIUDADANO

En un estado sin soberanía, con un gobierno que no gobierna, impone con el arma de la mayoría absoluta lo que le dicen desde Alemania, eso sí, con una permitida interpretación sesgada hacia sus intereses, los intereses de quienes conforman el gobierno.

Nos encontramos al borde del abismo, aún así, todo parece indicar que seremos capaces de dar un paso hacia adelante. Esperemos que el abismo no sea demasiado profundo.

O la banca es intervenida o seis millones de parados.
Carlos Sánchez.-  22/04/2012 - publicado en El Confidencial

Lo decía hace unos días de forma elocuente el profesor Viceira, catedrático de la Universidad de Harvard: “España se encuentra en la misma encrucijada que vivió el mundo en tiempos del patrón oro”. Y no le falta razón

Tras la Primera Guerra Mundial, los países devastados por la guerra necesitaban ingentes cantidades de dinero para financiar el coste del conflicto y la reconstrucción económica, pero el rígido corsé que significaba el patrón oro (el factor de estabilidad económica durante el último tercio del siglo XIX) lo impedía. Ningún país podía imprimir (al menos sobre el papel) más dinero del que podía garantizar con sus reservas de oro, y muchos economistas culpan a esta política monetaria restrictiva -tipos de cambios cuasi fijos- de ser el caldo de cultivo de la Gran Depresión. En Alemania, por el contrario, se optó por imprimir billetes en el periodo de entreguerras y ya se sabe lo que sucedió (hiperinflación, paro y subida de Hitler al poder).

Otros economistas, sin embargo, niegan que la oferta monetaria fuera restrictiva en tiempos de la belle époque y acreditan que los bancos centrales hicieron caso omiso de sus compromisos cambiarios poniendo a trabajar con fuerza la máquina de hacer billetes. Cuando Churchill, como canciller del Tesoro, recuperó temporalmente el patrón oro en 1925 para frenar el empuje del dólar -revaluando la libra esterlina por encima de su tipo de cambio de equilibrio-, el daño estaba hecho. Fue entonces cuando Keynes lazó una frase antológica dirigida a Churchill: ¿Por qué hizo una cosa tan disparatada?*

Lo que criticaba el economista de Cambridge era que una revaluación de la libra esterlina del 10% obligaba necesariamente a bajar los salarios nominales para ganar competitividad (¿les suena?) con las negativas consecuencias que tendría esa política para el consumo y el empleo.

El patrón oro de antaño (enterrado por Nixon en 1971) es hoy el euro. La moneda única, como dijo el Premio Nobel Modigliani, protege a España de la lluvia torrencial, pero es al mismo tiempo es un paraguas de hierro demasiado pesado para un país poco competitivo. Y que cuenta, además, con serias deficiencias en cuanto a su arquitectura institucional (comunidades autónomas, independencia de los órganos reguladores o baja calidad del sistema democrático).

España ni siquiera tiene una oficina presupuestaria destinada a evaluar con objetividad las políticas de gasto público. En EEUU, por ejemplo, la United States Congressional Budget Office, realiza proyecciones de ingresos y gastos a largo plazo a partir de un análisis basado en modelos, mientras que en el Reino Unido una oficina similar proyecta perspectivas presupuestarias para garantizar la sostenibilidad fiscal. En España, ya se sabe, primero se gasta, y luego las administraciones estudian cómo recaudar. Y así van las cosas.

¿Qué fue de los ‘florentinos’?

La metáfora de Modigliani es tan palmaria que sólo Alemania y los países de su entorno cultural y económico son capaces de soportar un tipo de cambio como el actual. El euro, pese a la crisis, todavía se sitúa en el entorno de 1,30 dólares. Sin duda un tipo de cambio demasiado exigente para una economía como la española que ha acumulado desde 1999 -año del lanzamiento del euro- importantes pérdidas de competitividad derivadas de un crecimiento de los costes salariales unitarios muy superiores a la media de la eurozona. Pero también por la existencia de un tejido industrial (basado en el ‘ladrillo’) escasamente productivo. Y con una clase empresarial manifiestamente mejorable, más preocupada por repartir dividendos y vivir de las migajas del Estado que por cultivar una verdadera una cultura del emprendimiento. ¿Dónde están ahora los florentinos que asombraban al mundo gracias a la inversión pública?

Es algo más que evidente, sin embargo, que sólo el sector exterior podrá sacar a los países periféricos de la crisis, como por otra parte ha sido la tradición española desde 1959 vía devaluaciones. Pero para eso, es necesario que el euro se deprecie hasta la paridad con el dólar, algo que hoy por hoy no está al alcance de España.

Y no lo está porque es justo lo contrario de que quiere Alemania, que teme como a un nublado un aumento de la inflación derivado del efecto que tendría en sus costes un encarecimiento automático de los productos energéticos y de sus importaciones. Una depreciación del euro en un 25% aumentaría de forma automática en esa misma proporción la factura del petróleo y sus derivados, y eso es demasiado para un país que ha hecho de la competitividad su razón de ser. No en vano, el 8,1%  de las exportaciones mundiales y el 6,8% de las importaciones proceden del país de Angela Merkel. Y a veces se olvida que Alemania es el tercer país que compra más mercancías en el mundo, lo que le obliga a forzar un tipo de cambio fuerte siempre que no perjudique a sus exportaciones. Es decir, lo que se busca es una relación real de intercambio óptima que equilibre el valor de las exportaciones y las importaciones.

Quiere decir esto que aunque las exportaciones van a seguir tirando de la economía española, su potencial para hacer crecer el PIB en el entorno del 2% -tasa necesaria para crear empleo- es muy limitado. Incluso, escaso.

 La situación se complica si se tiene en cuenta el fuerte carácter contractivo  de las reformas estructurales. En particular la reforma laboral o la racionalización del sector público. Sin duda, necesarias para salir adelante, pero claramente procíclicas toda vez que alientan la recesión, como de hecho está sufriendo en propias carnes la economía española. A más recortes, más recesión.

Las subidas de impuestos y de tasas anunciadas en las últimas semanas sólo reducen la renta disponible de las familias. Mientras que las rebajas salariales (para compensar un tipo de cambio demasiado exigente) sólo servirán para reducir los ingresos públicos. Los salarios alemanes son cerca de un 30% más elevados que los españoles y Alemania es, sin embargo, el país más competitivo del mundo.

Lo que pasa por comprar activos de riesgo

Tampoco desde el lado de la política monetaria hay mucho margen. Como ha recordado el economista Daniel Gross -una cabeza bien amueblada- se suele argumentar que la Reserva Federal ha hecho más que el Banco Central Europeo (BCE) para estimular la economía. Pero lo cierto es que su balance representa el 20% del PIB de EEUU, mientras que en Europa asciende ya al 30%.

Hay además un aspecto cualitativo de indudable importancia. La Reserva Federal  adquiere casi exclusivamente los activos sin riesgo (como los bonos del Gobierno de Estados Unidos), mientras que el BCE ha comprado activos de riesgo como las emisiones de países intervenidos. Igualmente, la Reserva Federal presta muy poco a los bancos, mientras que Trichet y Draghi han entregado grandes cantidades a los bancos débiles y en muchos casos inviables. En una palabra, mientras que el BCE asume un riesgo de crédito (fallidos), la Fed lo que hace es aceptar un riesgo de tipo de interés, lo cual es sustancialmente distinto.

Quiere decir esto que las reformas estructurales, la rebaja de los salarios, la política monetaria laxa y hasta los recortes en el gasto público son condiciones necesarias para sacar a España de la crisis. Pero en ningún caso, son suficientes. La clave de bóveda continúa siendo la reforma del sistema financiero, y el Gobierno, en este sentido, continúa guiado por un voluntarismo político sin límites y un tanto pedestre. Es como si hubiera quedado atrapado en el círculo infernal del patrón oro.

Por un lado, ayuda a los bancos para evitar que quiebren, y éstos, a cambio, le compran sus bonos con ayudas del BCE. Pero como al mismo tiempo se hacen políticas fiscales contractivas (subida de impuestos y recorte del gasto) la economía enmudece y aumentan el paro y la morosidad. Mientras que el crédito, como no puede ser de otra manera, desaparece, desoyendo aquello que decía el economista Wieser: “el crédito promueve en un grado máximo la aparición de empresarios eficaces, la selección de dirigentes en el campo de la propiedad”. En otras palabras, sin crédito no hay la célebre ‘destrucción creativa’ de la que hablaba Schumpeter. El viejo capitalismo del ladrillo se resiste a morir y la banca no apuesta por la nueva economía.

Crecer y no sólo recortar

No se tiene en cuenta, de esta manera, y como ha dicho el FMI, que el efecto de un crecimiento vigoroso sobre la deuda pública es asombroso. Mucho mayor que el de los recortes fiscales. Un aumento de un punto en el crecimiento potencial -suponiendo una presión fiscal del 40%- reduce el endeudamiento en 10 puntos en cinco años, y hasta en 30 puntos porcentuales en 10 años. Eso es sostenibilidad de las cuentas públicas y no tajos a diestro y siniestro.

¿Qué quiere decir esto? Pues que como no cambien las cosas, al final será el FMI o el Mecanismo de Rescate de la UE quien tenga que cortar el nudo gordiano –el callejón sin salida que ha tomado el Gobierno- para salvar a los bancos y al propio Estado, cuyas penurias se retroalimentan. Cuanto más pronto acuda España a esos fondos, antes saldrá de la crisis. Aunque la decisión tenga, ciertamente, un coste reputacional o el país acabe siendo señalado en el extranjero por el estigma de la intervención, aunque sea parcial.

Ese estigma es, en todo caso, mejor que condenar al país a convivir con seis millones de parados durante todo el año 2013.  Y el Gobierno tiene cada vez menos margen para aceptar la cruda realidad. Sin crédito no hay salida. ¡Es la banca, estúpidos!, que diría el clásico.

*Ensayos de Persuasión. John Maynard Keynes Editorial Crítica Barcelona 1988

domingo, 22 de abril de 2012

DESMONTANDO EL ESTADO DEL BIENESTAR VI: LA ENCRUCIJADA DE LOS PRESUPUESTOS

Realmente los acontecimientos que han seguido a la publicación de los presupuestos hacen temer lo peor. El gobierno está siguiendo la política impuesta principalmente por Alemania, la política de la austeridad. Como es evidente, los intentos para reducir el déficit sin que medie el crecimiento económico no sólo no reducen el déficit sino que lo incrementan. Entre tanto el empobrecimiento del ciudadano continúa y se acelera, víctima de las políticas citadas.

Quedan excluidas del ajuste las grandes fortunas y las grandes empresas. Con lo que nos estamos quedando es con una creciente desigualdad social. Con una reforma laboral "creada para generar empleo" pero que fundamentalmente reduce los costes del despido y es una máquina de generar paro y precariedad. Con unos servicios públicos asfixiados por la falta de fondos para mantenerlos, en vías de ser progresivamente privatizados y teniendo que oír que todos los recortes se están haciendo para mantener el estado del bienestar. Con una reforma del sector financiero que ya veremos donde para y qué repercusiones tiene para el ciudadano.

Europa necesita un cambio pero España más. Es lamentable pero cierto, al día de hoy dependemos mucho más de las elecciones en Francia y aunque estén más lejanas, de las alemanas, que de lo que como país seamos capaces de hacer. La política de ser débil con los fuertes -nuestros acreedores- y ser fuerte con los débiles -los ciudadanos- que desafortunadamente es la que se está aplicando, nos está llevando por el camino de la depresión.

Sin más les dejo con el siguiente e interesante artículo.

El ajuste fiscal, Misión Imposible (de Jesús Fernández-Villaverde y Luis Garicano)

Por Luis Garicano a 22/03/2012

Ayer uno de nosotros hizo una presentación en Roma y tuvo que aguantar muchos comentarios sardónicos (puyazos, sí, pero bien intencionados, no os enfadéis con nuestros primos) de los economistas italianos a costa del reciente Sorpasso—la subida de nuestros tipos a largo plazo por encima de los suyos a partir del 28 de febrero (hoy el bono a 10 años de Italia renta el 4.99%, y el de España el5.40%, mientras que, a principios de año España pagaba el 5.11% e Italia por encima del 7%, ver Figura 1 ). “¡Enhorabuena, por fin estáis en el lugar de honor que os corresponde! “ nos decían con sorna, “¡A ver qué tal se os dan los focos de los mercados!” Luego, en despachos, pasillos y comidas, muchas conversaciones serias, todas empezando con la misma pregunta: “A ver, explícanos, ¿qué pasa con España?”
Figura 1. Bonos a 10 años de España e Italia

Les explicamos que, en nuestra opinión, ni la reforma laboral ni la financiera han sido las causas de tal cambio de percepción, ya que ambas han correspondido, o incluso superado, las expectativas del mercado. El problema ha sido la enorme desviación presupuestaria, del 41% sobre el objetivo, anunciada por el Ministerio de Hacienda precisamente el 27 de febrero, y la realidad de que, corregir tal desviación a la velocidad que nos exigen nuestros compromisos europeos, exige un ajuste de unas dimensiones sin precedentes. Y con un ajuste de la magnitud del que haría falta hacer, entraremos en un bucle infernal de caída del PIB, deterioro del sector bancario, restricción financiera para empresas y familias, incremento del desempleo, mayor deterioro del PIB, etc. España, les explicamos, tiene fundamentalmente un problema de deuda privada y del sector financiero, y necesita más del crecimiento económico para no agravar las cosas, que del rápido equilibrio presupuestario.

La Aritmética del Ajuste
Permitidnos repasar con cuidado esta aritmética. Imaginemos que cortamos el gasto público en 10.000 millones de Euros (un 1% del PIB en números redondos). ¿Cuál es el efecto sobre el déficit de las administraciones públicas?

Una reducción de gasto reduce el PIB. Esto es una propiedad de una clase de modelos muy grande (ocurre incluso en un modelo de ciclo real) y para la que la evidencia empírica es bastante aplastante (la discusión académica es sobre el tamaño de esta reducción, no sobre su existencia).

Para la economía española, una estimación razonables es que una reducción de estos 10.000 millones de gasto haría caer el PIB entre un 0.6~0.8%. Existe cierta incertidumbre porque hay fuerzas que lo pueden hacer mayor –la política monetaria de la Eurozona no responde a la política fiscal de España- y menor –una reducción de gasto puede ayudar a la prima de riesgo-. Nuestra distribución a priori es que estas dos fuerzas probablemente se cancelen la una a la otra y por eso pensamos que esa reducción de 0.6~0.8% es la mejor hipótesis.

¿Cómo cambia la recaudación cuando baja el PIB? Esto se mide por medio de las elasticidades de los impuestos a las variaciones del PIB. Para España es muy difícil evaluar estas elasticidades por los fortísimos cambios estructurales que hemos tenido en los últimos años. En otros países, con marcos más estables, los economistas han encontrado elasticidades que rondan 1.5. Dado que los impuestos son como un tercio del PIB en España, y por redondear, una caída del PIB de 1 punto nos reduce la recaudación como 0.5% del PIB. Por tanto, la recaudación bajará entre 3.000 y 4.000 millones.

¿Cómo cambia el gasto? Una caída del PIB hace subir, de manera automática, las prestaciones de desempleo y otras prestaciones sociales. Dado que muchas familias ya han agotado las suyas (o han caído en pagos menos generosos), vamos a ser relativamente cautos y asumir que una caída del PIB de 1% sólo te sube el gasto un 0.1%, unos 1000 millones.

Ahora ya estamos en condiciones de poner todos estos números juntos. El efecto sobre el déficit de reducir el gasto en unos 10.000 millones es:
6.000~5.000=10.000-(3.000~4.000)-1.000.

Por tanto, si queremos reducir el déficit del 8.51% al 5.3%, no hay que reducir el gasto en 32.000 millones, hay que reducirlo en unos 53.000~64.000 millones (y nuestra impresión es que es más cercano a 64.000 que a 53.000), lo cual es, francamente, imposible.

Insistimos que estos números que hemos realizado están sujetos a rangos de incertidumbre relativamente altos. Animamos al lector a que cambie los supuestos para tener sus propios cálculos, pero estos números tienen que ser razonables y estar basados en algún tipo de evidencia empírica y no ser el reflejo de los prejuicios ideológicos de cada uno.

¿Qué hacer?
En este contexto, el presupuesto que presentará el gobierno la semana que viene es de una complejidad sin precedentes. El gobierno tendrá que pasar entre la Escila del ajuste brutal que ponga la puntilla a nuestra economía y la Caribdis de aparecer ante nuestros socios europeos y ante el mercado como un país poco serio que “pasa” de las restricciones presupuestarias y de sus compromisos. Para ello, es fundamental guiar con cuidado las expectativas del mercado y de nuestros socios: no entrar en contradicciones, ni prometer lo incumplible, sino hacer un presupuesto serio, con compromisos plurianuales, que alcance casi el equilibrio en cuatro años con suavidad, sin prisa pero sin pausa, y que incida en los ajustes estructurales con menores efectos a corto plazo. No hay por qué hacer un fetiche del calendario, del 2012, del 2013, etc. Si España consigue hacer los recortes que es necesario hacer, con cuidado, pero de manera sistemática, conseguirá, aunque se desvíe del presupuesto, mantener la confianza del mercado y de nuestros socios.

Desgraciadamente, las decisiones de los primeros meses no inspiran mucha confianza en cuanto a que esto sea posible. Como nos contaban hace dos días Ignacio Conde y Juan Rubio, las medidas tributarias adoptadas al principio del año no sólo no resuelven el problema sino que empeoran el déficit estructural: la subida del IRPF aumenta la recaudación, en el mejor de los casos, en un .4% del PIB, mientras que la recuperada deducción por compra de vivienda tiene un coste anual en términos estructurales de alrededor de un .6% del PIB-es decir la política tributaria aprobada incrementa el déficit estructural.

Además, las declaraciones contradictorias sobre los objetivos y los niveles de déficit han dado la sensación al mercado de que el gobierno no tiene claro el problema, y los retrasos en la propuesta y trámite del presupuesto han incrementado la sensación de falta de rumbo. España, en una situación como la que está, no puede permitirse pasar 4 o 5 meses sin presupuesto (si se propone a fines de marzo y se aprueba en abril, no empezará a ejecutarse hasta mayo). Dada la aritmética que hemos descrito, sería muy difícil llegar al objetivo deseado en un año completo. Llegar en 8 meses parece de todo punto imposible.

Conclusión
En definitiva, el presupuesto de la semana que viene es casi misión imposible. Deseamos lo mejor al gobierno y a su equipo económico pero creemos que, para conseguir este objetivo, debe empezar por cambiar completamente la política de comunicación con el mercado sobre este tema y mostrar que entiende la gravedad de la situación.

sábado, 7 de abril de 2012

DIARIO DE UNA QUIEBRA ANUNCIADA

Muy interesante este artículo publicado por el economista argentino German Fermo sobre la previsible quiebra de Grecia. Pero no sólo habla de Grecia, otros países se pueden ver reflejados en este texto que merece una lectura sosegada.

El default de Grecia no será como el argentino

Viernes 17 de febrero de 2012

Germán Fermo
, Ph.D. in Economics (UCLA) y director de la Maestría en Finanzas de la Universidad Di Tella, explica que para el país heleno "con toda Europa detrás es bastante más fácil conseguir apoyo".

Pocas ciudadanías han tenido la desdicha de conocer un default soberano. Argentina ha padecido uno recientemente y ningún ciudadano al que le tocó vivirlo puede olvidarse de semejante caos económico, político y social. Los defaults no ocurren de la noche a la mañana, son el resultado de una inaceptable política fiscal diseñada bajo el supuesto de crecimiento permanente sin preparar a la economía contra a un shock recesivo.


Ningún modelo económico es responsable del default, se puede quebrar siendo comunista, socialista o liberal. El verdadero padre del default es la irresponsabilidad fiscal y la improvisación macroeconómica: se gasta mucho más de lo que se debe durante muchos años y se supone que la economía andará bien in-eternum. Cuando finalmente se choca con la tragedia de un default, no se sale con inmediatez y tampoco con recetas sencillas.

Los defaults duelen muchísimo socialmente. El default a esa altura es un golpe explosivo de tragedias sociales y económicas, cada una retroalimentando a la otra. El potencial swap de Grecia se considera voluntario. Esa es una diferencia técnica no menor respecto a la forma en la que Argentina encaró el suyo. Con toda Europa detrás es bastante más fácil conseguir apoyo relativo a lo solos que dejó a Argentina la comunidad internacional a fines del 2001. Y esto no es una defensa del desmanejo fiscal de Argentina durante los años pre-default. Aun así, no es claro si eventualmente Grecia podrá cerrar el acuerdo y mucho menos si funcionará.

Independientemente de que el swap griego se considere como voluntario y por ende no un default en sentido estricto, lo cierto es que Grecia no pagará muchísimo de lo que había prometido. En esa característica, Grecia es idéntica a la Argentina del 2001:ninguno de los dos pagará lo que prometió. Lo preocupante son las condiciones que el FMI, la Unión Europea y el Banco Central Europeo están exigiendo para el cierre del swap y la liberación del segundo paquete de rescate a Grecia. Si ese paquete no se hace efectivo, Grecia no tendrá dinero para pagar sus deudas en marzo y entraría en un default desordenado "a la Argentina".

Un swap voluntario instrumentado correctamente ofrece una enorme cantidad de ventajas, pero lo preocupante para Grecia es si será sustentable en el mediano plazo, algo que cuesta imaginar a la luz de los requerimientos que se le están haciendo a la sociedad griega. ¿Se estará gestando una "Grecia zombie" a futuro totalmente dependiente de Alemania? ¿El cierre del acuerdo condenará a Grecia a una agonía indeterminada? El momento de ser fiscalmente ortodoxo para Grecia probablemente haya sido décadas atrás. Es ingenuo pretender que un país que llegó a semejante estado de decadencia pueda convertirse de golpe el algo equilibrado.

Europa insiste con una receta de ortodoxia fiscal que no ha funcionado en un solo emergente del mundo y aquí se llegó, repitiendo una receta que a nivel social es imposible de aplicar. El momento de requerirle disciplina fiscal a Grecia fue cuando se unió a la Zona Euro, pero en ese momento los que hoy suenan como ortodoxos fiscales tenían otras prioridades en la agenda: sumar miembros a la Zona Euro sin hacer demasiadas preguntas.

Es muy entendible que el default se trate de evitar porque sus consecuencias son devastadoras. Un default impacta a un economía en todas sus dimensiones: en Argentina, lo monetario, lo fiscal, lo financiero y la economía real fueron arrasadas. Sin embargo, Argentina tuvo algunas ventajas que no tendrá Grecia y eso es lo preocupante. Argentina pudo recuperar su capacidad de crecimiento, algo que Grecia no podrá hacer.

El riesgo del "achique fiscal"
Las crisis de deuda soberanas tienen dos componentes: un numerador (deuda) y un denominador (PBI). Lo que importa no es el nivel absoluto de deuda sino el ratio entre ese nivel y el PBI. Supongamos que dos países deben exactamente lo mismo, pero uno de ellos produce un PBI mil veces superior al otro. La carga de deuda por capacidad de generación de riqueza sería muy inferior para el país de mayor PBI, lo que denota que el crecimiento juega un rol clave en la resolución de toda crisis de deuda.

Lo preocupante es observar a Europa haciendo énfasis sólo en el "achique fiscal" para un país que al estar al filo de un default por definición está grave y un ajuste puede undirlo definitivamente. Grecia necesita de una reestructuración fiscal pero ese no es un proceso de consecución inmediata, sino que, por el contrario, hacerlo en forma sostenible llevará años. Grecia hoy más que ajuste necesita oxígeno y Europa la está asfixiando.

La sensación de este acuerdo es la de un país al que para evitarle un "default técnico" se le están cortando los dos brazos y piernas. Si Grecia no crece va a volver a sucumbir en el mismo dilema. La forma en la que Grecia estaría cerrando su swap probablemente implique un país "zombie a futuro" que no sinceró sus verdaderas carencias, sin capacidad de recuperación en el corto plazo. Y esta crisis nos ha demostrado con elocuencia que el corto plazo es tan violento que puede arrasar con un país en semanas.

La ventaja de Argentina es que tuvo después de su default "un empujón de crecimiento muy fuerte" motivado por la devaluación del peso de 400%, con su consecuente ganancia en competitividad más un shock externo caído del cielo representado por la sustancial subida en las commodities.

Argentina es una república muy rica, tiene una formidable capacidad de generación de riqueza en commodities alimenticios. Esta característica es inexistente en Grecia. No se ve un sólo activador macroeconómico para Grecia, resulta imposible imaginar un país que ya en cinco años de recesión y con un desempleo del 20% se tenga que "mega-achicar" casi de golpe. En este contexto, Grecia no podrá crecer y volverá a colapsar.

Surge la pregunta de si el cierre del swap voluntario en Grecia sería un evento para festejar por los mercados o para denotar lo verdaderamente trágica que es la realidad de Europa. Queda la amarga sensación de una Zona Euro que cada vez suena más a una imposición alemana que a un bloque sustentable en el tiempo. Si Grecia pudiese recuperar su principal aliado, su moneda, si pudiese devaluar, si pudiese ganar competitividad y recién ahí forjar las bases para encauzar al país en un sendero sostenible en el tiempo, ¿no sería mejor que someterla a un ajuste fiscal que será impracticable no sólo en lo económico sino en lo social? ¿Tiene sentido formar parte de la Zona Euro a cualquier coste?

Grecia no es el único país que no puede más con el Euro, el resto de la Europa-PIIGS sigue negando la misma realidad: el Euro es un gran negocio para Alemania pero está muy lejos de serlo para la Europa-PIIGS mucho menos competitiva, que está siendo devorada por Asia. ¿Se podrá alguna vez ver a un Banco Central Europeo haciendo política monetaria para un bloque de 17 países y no sólo para uno?

Si Europa quiere "ayudar" a Grecia, entonces que lo haga en serio. Este swap nuevamente parece un mero parche de corto plazo y por ende fracasará.

jueves, 5 de abril de 2012

EUROVEGAS; PARAÍSO FISCAL PARA EL BLANQUEO DE DINERO

El siguiente artículo publicado en La Vanguardia no tiene más comentario.

Técnicos de Hacienda alertan de que Eurovegas será un paraíso fiscal.

Los expertos de Gestha aseguran que los trabajadores del complejo en Madrid o Barcelona tendrían un régimen laboral completamente al margen del resto de los españoles.

Economía | 03/04/2012 - 10:53h La Vanguardia.com

Madrid (Europa Press).- El colectivo de técnicos del Ministerio de Hacienda (Gestha) ha denunciado este martes que el proyecto Eurovegas que estudia instalar en Barcelona o Madrid un macrocomplejo del juego constituirá un "foco de blanqueo de capitales como cualquier otro paraíso fiscal".

El consejero del sindicato Gestha, Manuel Redal, ha criticado que la propuesta del empresario norteamericano Sheldon Adelson supone la "instalación de un verdadero paraíso fiscal en territorio español" y ha lamentado que "podría dar lugar a que se lavara dinero procedente de actividades ilícitas", en declaraciones a Europa Pess Televisión.

Además, ha recalcado que "no se puede permitir" que los futuros trabajadores de este proyecto se guíen por reglas distintas al Estatuto de los Trabajadores, que el vigente en España, y no puede haber lugares del país con distinto criterio.

"Si se trata de las condiciones que inicialmente se propusieron sería un verdadero paraíso fiscal, donde unos tendrían un régimen laboral completamente al margen del resto de los españoles", han criticado desde Gestha.

domingo, 1 de abril de 2012

LA ACTUAL POLÍTICA ECONÓMICA PONE EN MARCHA LA ESPIRAL DE LA DEPRESIÓN

¿Cuál es la deriva de la economía española con la política económica actual, "recomendada" por la UE y seguida sin vacilación por el actual gobierno?

En el siguiente artículo se muestra claramente. Menores ingresos como consecuencia de la paralización de la actividad y mayores gastos para sostener lo imprescindible, por ejemplo las pensiones, sin las cuales no podrían sobrevivir muchas familias, no olvidemos que de una pensión se sustentan actualmente y cada vez en más casos, abuelos, hijos e incluso nietos.

Curioso, una política que según nos cuentan solucionará el problema del déficit y sin embargo lo que hace es empobrecer al ciudadano medio e incrementar el dichoso déficit. ¿No será que se están equivocando de política? Bueno, equivocando con todos menos con los que más tienen. Con estos no parece que vaya la crisis. Lo último es la amnistía fiscal, que significa perdonar a las grandes fortunas sus deudas con el fisco con tal de que repatrien el dinero. Cada vez estamos más cerca de convertirnos en una república bananera, quizá con Eurovegas lo consigamos.

Del gran fraude nadie dice ni pío. ¿Por qué no interesa hablar del fraude con mayúsculas y mucho menos ponerle coto, siendo que sería una forma excelente de reducir el déficit sin afectar tan drásticamente a la economía social?

Para ir reflexionando les dejo con el artículo publicado en "Cinco Días".

El estado auxilia a la Seguridad Social para pagar las pensiones

El Gobierno adelantó en los dos primeros meses del año buena parte de las transferencias que recibe la Seguridad Social a lo largo del ejercicio para apuntalar el pago de las pensiones. Este adelanto de liquidez pretende evitar que la caja del sistema quede en niveles peligrosamente bajos. La Administración central adoptó esta medida ante la fuerte caída de los ingresos por cotizaciones, que bajaron un 4% hasta febrero.

J. V. - Madrid - 28/03/2012 - 07:00 CincoDías.com

Los datos de ejecución presupuestaria hasta febrero de la Seguridad Social mostraron un incremento del superávit que el propio Ejecutivo se afanó en matizar. En los dos primeros meses del año, los ingresos por transferencias corrientes se incrementaron hasta los 4.126 millones, un 147% más que en el mismo periodo del año anterior. Ese aumento se explica por la mayor aportación del Estado central. El Ejecutivo ha optado por adelantar a principios de año una parte considerable de las transferencias que la Seguridad Social recibe a lo largo del ejercicio con el objetivo de mantener la liquidez en la caja del sistema. Se trata de una medida extraordinaria que ilustra el deterioro de las cuentas del sistema de protección.

En cualquier caso, fuentes de Empleo aseguraron que sin los recursos procedentes de la Administración central, la Seguridad Social no hubiera tenido problemas para abonar las pensiones correspondientes a febrero. Sin embargo, reconocen que la situación es compleja ante la fuerte caída de las cotizaciones que, en solo dos meses, han descendido un 4%. Y, en el mismo periodo, el pago de las pensiones contributivas avanzó un 4,5%. "Esta brecha no debe causar alarma, pues las pensiones con este Gobierno están plenamente garantizadas", apuntó el secretario de Estado de la Seguridad Social, Tomás Burgos.

El incremento de las transferencias del Estado permitió que la Seguridad Social alcanzara un superávit de 5.808 millones, un 0,55% del PIB. Sin el auxilio del Estado, los ingresos no financieros hubieran caído un 0,27% y el excedente bajaría hasta los 3.331 millones, un nivel inferior al superávit registrado en los dos primeros meses del año anterior. Por otra parte, el adelanto de liquidez a la Seguridad Social -y también a las comunidades autónomas- explica, en parte, el mal resultado de la ejecución presupuestaria de la Administración central que, hasta febrero, registró un déficit de 20.668 millones frente a los 13.840 millones del mismo periodo de 2011.

Descenso de los ingresos

Hacienda alerta de que los datos aún no son indicativos de la evolución del conjunto del año al no reflejar los recortes del gasto ya aprobados ni la subida del IRPF. Aun así, resulta inquietante la caída de los ingresos ligados al consumo. La recaudación del IVA bajó un 9,8% y, en este caso, febrero sí que resulta un mes significativo, ya que se incorpora el pago del impuesto de las pymes correspondiente al cuarto trimestre de 2011 y también los devengos de diciembre y enero de las grandes empresas.

Por otra parte, la recaudación de impuestos especiales se redujo un 3,3%, lo que constata la atonía del consumo. Los ingresos no financieros totales cayeron un 1,3%, cifra que evidencia que cumplir el objetivo de déficit del 5,3% para este año será muy complicado.