domingo, 18 de marzo de 2012

ES NECESARIO UN NUEVO CONTRATO SOCIAL

Ni que decir tiene que la desigualdad está creciendo y que es una de las principales lacras de las sociedades actuales.

La crisis está poniendo de manifiesto día tras día los excesos cometidos por una élite económica, acompañada de sus acólitos políticos que forman el tándem de la corrupción. El expolio continuo de los recursos públicos, es decir, el transvase permanente de los recursos comunes hacia las repletas arcas de unos pocos, continua imperturbable.

El peso de de las reformas y de los recortes descansa en las espaldas del ciudadano de a pie mientras que se siguen amasando fortunas y el consumo de los productos de lujo llega en plena crisis a un crecimiento de dos dígitos. No obstante, la conclusión es que la sanidad y la educación son los lastres de la economía y que nos conviene a todos reducirlos a la mínima expresión para superar estos difíciles momentos.

Detrás de todo subyace la privatización de estos dos sectores para generar pingües beneficios a quienes lideran estos sectores en el lado privado, mientras el ciudadano paga al menos dos veces por el mismo servicio. Todo ello pensado por los que manejan los recursos económicos y convenientemente explicado por los políticos de turno.

En el fondo debemos responder a la pregunta de si deseamos una sociedad excluyente en la que cada vez hay sitio para menos personas o una que sume y en la que haya sitio para todos. Las élites ya han contestado a esa pregunta y no están dispuestos a compartir los beneficios. Ahora falta que la ciudadanía reflexione y decida.

Les recomiendo la lectura del siguiente artículo publicado en el elmundo.es y del libro "El fin del trabajo" de Jeremy Rifkin.

Wilkinson: "La democracia no ha llegado aún a la economía"
  • Defiende que las sociedades menos igualitarias son también menos saludables.
  • Los recortes castigan a los menos favorecidos y las élites se protegen.
Carlos Fresneda (Corresponsal) | Londres
sábado 17/03/2012 12:03 horas


Libertad, Igualdad, Fraternidad... La vieja trilogía no ha llegado aún al reino inexpugnable de las finanzas. Así se explica, por ejemplo, que un directivo gane 300 veces más que sus empleados. O que un banquero cobre 19 millones de euros al año en plena crisis. O que la nueva generación de trabajadores no llegue siquiera a los 1.000 euros al mes.

Ése es el mensaje 'revolucionario' con el que llega estos días a España Richard Wilkinson, coautor junto a Kate Pickett del libro que ha sacudido las conciencias de los políticos en Gran Bretaña: 'Desigualdad: un análisis de la (in)felicidad colectiva'.

"La democracia no ha llegado aún a la economía", sostiene Wilkinson. "La escala de la desigualdad económica que existe hoy en día no es una expresión de la libertad, sino más bien su negación. No podemos permitir que el sistema financiero lo manejen a su antojo unas elites, de espaldas a la población y al bien común".

Habla Wilkinson de los asuntos económicos (el 22 de marzo lo hará en la Fundación Sistema) con una profundidad de campo que va mucho más allá del frío análisis de los números. "No soy economista", advierte. "Mi especialidad es la epidemiología social: me dedico a investigar la salud y la enfermedad en las poblaciones".

El origen de todos los males

Por esa vía, el coautor de 'The Spirit Level' (título original en inglés) ha llegado al convencimiento de que la desigualdad es "la raíz profunda de casi todos los grandes males que aquejan a nuestra sociedad". Las sociedades menos igualitarias son también menos saludables, tienen una menor esperanza de vida, unos mayores niveles de violencia, de adicción, de gente en la cárcel, de embarazos entre adolescentes...

Singapur, Estados Unidos, Gran Bretaña y Portugal encabezan el ranking de las sociedades menos igualitarias entre los 24 países 'ricos' analizados por Wilkinson. Japón, Finlandia, Noruega y Suecia están sin embargo en el otro extremo, con un reparto más equitativo de la riqueza. España hace el número 10, justo en medio, casi a la misma altura que Francia y Canadá.

La crisis, sin embargo, está ensanchando preocupantemente la brecha entre los que tienen y los que no tienen en nuestro país... "Cuando la economía sufre, los problemas se acumulan en el fondo de la población", advierte Wilkinson. Los recortes sociales castigan a los menos favorecidos y las elites se protegen para mantener su estatus, porque de eso se trata.

"La desigualdad se alimenta de esta sociedad consumista en la que vivimos, que a veces parece una competición constante por el estatus social. La desigualdad amplifica los prejuicios de clase, nos hace sentirnos superiores o inferiores. Se trata al fin y al cabo de una fuerza más corrosiva que divide a la sociedad desde dentro".

El germen de una "democracia económica"

Al frente del Equality Trust, Wilkinson abandera ahora el movimiento del "nuevo igualitarismo" en Gran Bretaña, donde los 'bonus' multimillonarios de los banqueros se han convertido en el titular de cada día. Después de tres décadas marcadas por 'la ideología neoliberal', el autor de 'Desigualdad' asegura que el péndulo vuelve a oscilar hacia el lado de los que defienden una mayor justicia social. El movimiento 'Occupy', sostiene, no es más que la primera manifestación del clamor por una auténtica "democracia económica".

En el Reino Unido, sin ir más lejos, funcionan ya en seis grandes ciudades las Comisiones de Equidad ('Fairness Commissions'), que elevan recomendaciones a los Gobiernos locales para reducir la desigualdad económica. En Londres, la campaña por el 'living wage' (salario mínimo vital) insta a las empresas a que eleven hasta un 35% el listón del salario mínimo interprofesional y a que reduzcan la 'brecha' de la riqueza entre sus propios trabajadores.

"La economía tiene que hacerse más participativa, y ustedes en España han marcado la senda con el movimiento cooperativo en Mondragón", añade Wilkinson. "Los trabajadores deben tener más acceso a la propiedad y a la toma de decisiones en las empresas. Tenemos que experimentar con nuevos modelos que nos impliquen a todos. No podemos delegar en una elite que mira sólo por sus propios intereses y que nos ha llevado a esta situación".

Información y educación

Wilkinson pone sobre la mesa el estudio del economista Robert Wade, que ha demostrado que en los años anteriores a la debacle de 2008 hubo una "transferencia" de riqueza de 1,5 billones de dólares anuales del 90% al 10% de la población más rica en Estados Unidos... "Es increíble que algo así pueda ocurrir en una democracia, ¿no le parece? Y es increíble que hayamos tenido que esperar a la debacle para enterarnos. Está claro que necesitamos más información y más educación para entender la magnitud del problema".

A Wilkinson y a Pickett les han llovido críticas por esa otra "verdad incómoda" de la que pocos hablaban antes de 2008. Les acusan de seleccionar aleatoriamente los datos, de adaptarlos al servicio de una "agenda" política, de no desmostrar la relación causa-efecto... Los autores se remiten a las estadísticas y responden alegando que los ataques provienen sobre todo de los 'think tanks' de la derecha, usando la misma estrategia que siguieron contra el cambio climático. O sea, sembrando la confusión y la duda.

"Pero cuando a la gente le das a elegir, se inclina instintivamente por la igualdad", concluye Wilkinson, que recuerda los resultados de una reveladora encuesta al otro lado del Atlántico... "A los norteamericanos se le dio a escoger entre dos países. En uno de ellos, el 20% de la población acumula el 84% de la riqueza. En el otro, el 20% tiene el 32% del total. Al final, más del 90% mostró su preferencia por el segundo país, sin saber que estaban eligiendo Suecia antes que Estados Unidos".