miércoles, 25 de enero de 2012

TODO COMENZÓ EN GRECIA ...

Un artículo más de Leonardo Boff para la reflexión. Desde que empezó la crisis el transvase de dinero público hacia las industrias privadas, en especial el sector de la gran banca está siendo de una magnitud sin precedentes.

Debido a este transvase son las sociedades las que carecen de todo, incluso de lo necesario, véase el deterioro de los servicios públicos, sanidad y educación al frente. Por el contrario el sector del lujo esta creciendo con una gran fortaleza debido a la concentración del dinero cada vez en menos manos.

El mito de una sociedad dominada por la tecnología, en la que las personas tienen tiempo libre para desarrollarse personalmente sin preocuparse por su subsistencia, ya que ésta queda apuntalada por la riqueza que la propia tecnología genera, se derrumba a marchas forzadas y está dejando tras de sí paro estructural y miseria para millones de personas. Por el contrario, es la concentración de la riqueza y el expolio de los fondos públicos lo que está quedando como conclusión de esta crisis.

Lo que está ocurriendo en Grecia es un ejemplo de la esclavitud de un pueblo sometido por las deudas y por sus acreedores. ¿No se podría prestar dinero a un 1% de interés a los países que lo necesiten, en lugar de prestárselo a los bancos para que estos compren con ese dinero deuda pública por la que percibirán un 3.5% de media?

Todo comenzó en Grecia. ¿Acabará todo en Grecia?

2012-01-20


Nuestra civilización occidental, hoy mundializada, tiene su origen histórico en la Grecia del siglo VI antes de nuestra era. El mundo del mito y de la religión, que era el eje organizador de la sociedad, se desmoronó. Para poner orden en aquel momento crítico se llevó a cabo, en un lapso de poco más de 50 años, una de las mayores creaciones intelectuales de la humanidad. Surgió la era de la razón crítica, que se expresó por la filosofía, por la democracia, por el teatro, por la poesía y por la estética. Figuras paradigmáticas fueron Sócrates, Platón, Aristóteles y los sofistas, que gestaron la arquitectura del saber, subyacente a nuestro paradigma de civilización; fue Pericles, como gobernante al frente de la democracia; fue Fidias, el de la estética elegante; fueron los grandes autores de las tragedias como Sófocles, Eurípides y Esquilo; fueron los juegos olímpicos y otras manifestaciones culturales que aquí no cabe referir.

El nuevo paradigma se caracteriza por el predominio de la razón que deja atrás la percepción del Todo, el sentido de la unidad de la realidad que caracterizaba a los pensadores llamados presocráticos, los portadores del pensamiento originario. En este momento se introducen los famosos dualismos: mundo-Dios, hombre-naturaleza, razón-sensibilidad, teoría-practica. La razón creó la metafísica, que en la comprensión de Heidegger hace objeto de todo y se instaura como instancia de poder sobre ese objeto. El ser humano deja de sentirse parte de la naturaleza para situarse frente a ella y someterla al proyecto de su voluntad.

Este paradigma alcanzó su expresión más acabada mil años después, en el siglo XVI, con los fundadores del paradigma moderno, Descartes, Newton, Bacon y otros. Con ellos se consagró la cosmovisión mecanicista y dualista: la naturaleza por un lado y el ser humano por otro, enfrente y encima de ella como su “maestro y dueño” (Descartes), corona de la creación en función del cual existe todo. Se elaboró el ideal del progreso ilimitado, que supone la dominación de la naturaleza, en el supuesto de que ese progreso podría avanzar infinitamente hacia el futuro. En los últimos decenios la codicia de acumular ha transformado todo en mercancía a ser negociada y consumida. Hemos olvidado que los bienes y servicios de la naturaleza son para todos y no pueden ser apropiación de algunos solamente.

Después de cuatro siglos de vigencia de esta metafísica, es decir, de este modo de ser y de ver, verificamos que la naturaleza ha tenido que pagar un alto precio para costear este modelo de crecimiento/desarrollo. Ahora estamos tocando los límites de sus posibilidades. La civilización científico-técnica ha llegado a un punto en el que ella misma puede causar su propio fin, degradar profundamente la naturaleza, eliminar gran parte del sistema-vida y, eventualmente, erradicar la especie humana. Sería la realización de un armagedón ecológico-social.

Todo empezó en Grecia hace milenios. Y ahora todo parece terminar en Grecia, una de las primeras víctimas del horror económico, cuyos banqueros, para salvar sus ganancias, han empujado a toda una sociedad a la desesperación. Ésta ha llegado a Irlanda, a Portugal, a Italia, pudiendo extenderse a España y a Francia, y quizás a todo el sistema mundial.

Estamos asistiendo a la agonía de un paradigma milenario que aparentemente está terminando su trayectoria histórica. Puede demorarlo todavía decenas de años, como un moribundo que resiste, pero el fin es previsible. Con sus recursos internos no tiene condiciones de reproducirse. 

Tenemos que encontrar otro tipo de relación con la naturaleza, otra forma de producir y de consumir, desarrollando un sentido general de dependencia ante la comunidad de vida y de responsabilidad colectiva por nuestro futuro común. De no iniciar esta conversión, dictaremos para nosotros mismos la sentencia de desaparición. O nos transformamos o desapareceremos.

Hago mías las palabras de Celso Furtado, economista-pensador: «La gente de mi generación ha demostrado que está al alcance del ingenio humano conducir a la humanidad al suicidio. Espero que la nueva generación compruebe que también está al alcance del ser humano abrir camino de acceso a un mundo en el que prevalezcan la compasión, la felicidad, la belleza y la solidaridad». Siempre y cuando cambiemos de paradigma.

Leonardo Boff

domingo, 8 de enero de 2012

DESMONTANDO EL ESTADO DEL BIENESTAR V: LA ESPIRAL RECORTES - PARO - MOROSIDAD - DECRECIMIENTO - RECORTES

Las afirmaciones de los representantes del nuevo gobierno en cuanto a que su objetivo es la creación de puestos de trabajo están quedando en entredicho, debido al efecto que sobre el empleo van a tener las medidas que están tomando y las que posiblemente tomarán en un futuro no muy lejano. Para separar el polvo de la paja les recomiendo que se fijen mucho más en lo que hacen los políticos que nos dirigen y muchísimo menos en lo que dicen. El lavado de cerebro colectivo vía declaraciones de los responsables políticos y vía medios de comunicación crece de una forma inquietante. No obstante, algunos siguen poniendo los datos encima de la mesa. Datos que muestran la cruda y dura realidad de un país que se está desmoronando en las manos de la deuda (más la privada que la pública) y las medidas de austeridad impuestas por nuestros acreedores y vehiculadas a través del gobierno y sus representantes.

2012: otro paso atrás para el empleo

Las previsiones vaticinan que este año se destruirán entre 350.000 y 400.000 puestos de trabajo - Los ajustes fiscales y la falta de crédito impulsan el paro

MANUEL V. GÓMEZ - Madrid - 08/01/2012 (El País.com)

El mercado laboral español no toca suelo. En 2011 iba a empezar a levantar cabeza y acabó peor que en 2010. La economía se enfrió tanto que ha vuelto a contraerse. La factura cobrada en puestos de trabajo es muy alta: la Seguridad Social perdió casi 2.700 afiliados al día desde agosto. Y el panorama no cambia. Nadie espera mejoras este año y, en consecuencia, el paro se agravará aunque pueda parecer imposible, uno de cada cinco españoles que quieren y pueden trabajar no tiene donde hacerlo. Mucho tendrán que cambiar las cosas para que España no acabe 2012 encadenando cinco años destruyendo empleo.

"España va a estar en recesión todo 2012. El empleo va a caer y mucho", vaticina Ángel Laborda. Este economista dirige el panel de coyuntura de Funcas que recoge las previsiones de los principales servicios de estudios del país, que el pasado noviembre vaticinaban una caída media de la ocupación en 2012 del 1,2% y una tasa de paro del 22,2%, seis décimas por encima de la última encuesta de población activa.

Desde entonces todo ha empeorado. El crédito no circula y el déficit público ha escalado hasta el 8%. El ajuste fiscal será mucho mayor de lo previsto. "Será un paso atrás muy fuerte. No va a ser una simple recesión de inventario. Nunca se ha dado una recaída en la restricción de crédito tan fuerte", explica José Carlos Díez, economista jefe de Intermoney. Díez, como la mayoría servicios de estudios consultados para este reportaje, está revisando sus previsiones de noviembre. Y lo hace a peor. A mucho peor. Según sus cálculos, todavía por concretar, el paro este año se situará entre el 23% y el 23,5% y se destruirán unos 400.000 empleos.

Hasta ahora, el peor pronóstico de empleo para 2012 lo tenía AFI, el 23,1%. Pero, según explica José Antonio Herce, tras las medidas de ajuste que el Gobierno tomó la semana pasada está enfriando sus previsiones. Y la de paro y su reverso, la de empleo, empeorarán. Sin duda. También lo ven así desde Alemania, el Instituto de la Economía Mundial, sitúa el desempleo en el 23,6%. Con estos números, dependerá de la evolución de la población activa si se llega o no a los 5,5 millones de parados.

"La economía española está atrapada entre dos tenazas: la de la restricción crediticia, que se ha agravado por la crisis de deuda soberana, y la del ajuste fiscal que incide sobre una economía totalmente estrangulada. La mejora dependerá de si se afloja la primera tenaza, porque el ajuste seguirá por años", analiza Laborda.

Cuando se trata del mercado laboral, los recortes se dirigen a los servicios. Hasta ahora, el empleo público había evitado un hundimiento aún mayor del trabajo durante la crisis, pero las últimas cifras de afiliación a la Seguridad Social muestran el desfallecimiento por este lado.

Hasta que lo sucedido en verano trocó la débil recuperación en otra recesión, todos los sectores, menos la construcción, comenzaban a crear empleo. Ahora todos vuelven a triturarlo. A los servicios les pesa el ajuste fiscal y el desplome del consumo interior; a la industria, el enfriamiento de la economía mundial que lastra las exportaciones, único foco de esperanza hasta hace poco; y el ladrillo, prosigue con una caída libre que hasta el momento se ha llevado por delante 1,4 millones de empleos, sin contar los de las manufacturas afines.

"La construcción va a caer a un ritmo del 15% o el 16% todo el año", pronostica Laborda. Menos pesimista es Díez que ya no ve mucho margen para que siga cayendo. Joaquín Trigo, del Instituto de Estudios Económicos, cree que en la rehabilitación de viviendas hay margen de mejora. Es el único entre los consultados. Sobre los ajustes, Trigo defiende su necesidad porque así se mejora la perspectiva para el futuro.

Para invertir la situación, el nuevo Gobierno ha prometido presentar una reforma laboral a muy corto plazo, tal vez el próximo viernes. Pero los resultados no serán inmediatos. "Estos cambios surten efectos a medio plazo", explica Herce. "Es como poner un buen coche a punto. Está en condiciones de correr, pero si le falta la gasolina no hay nada que hacer. Y la gasolina es el crédito", compara Laborda.

En un tono inusualmente pesimista en él, José Carlos Díez explica que Europa afronta un escenario futuro a la japonesa. Es decir, una caída de la actividad económica y un estancamiento por años (Japón lleva más de una década así). "Eso, países como Alemania se lo pueden permitir porque tienen una tasa de paro muy baja. También Japón. Pero España, no. Si la economía no mejora, no baja el paro. La salida a la japonesa para nosotros es muy mala".

Una factura que no mengua bastante

El gran aumento del paro ha sido uno de los elementos determinantes para descuadrar las cuentas públicas. Lo ha hecho por el lado de los ingresos. Pero sobre todo las ha descuadrado el incremento del gasto. En 2007, el Ministerio de Trabajo pagó 14.780 millones en prestaciones, un 1,4% del PIB. Las cotizaciones de los asalariados y empresarios bastaban para pagar la factura.

Al año siguiente las cuotas ya no recaudaron lo suficiente. En 2010, el gasto en prestaciones tocó techo: más de 32.000 millones. Y la recaudación cayó con el empleo. El Estado tuvo que poner más de 15.000 millones recaudados por la Agencia Tributaria.

La persistencia de la crisis y la ausencia de empleo hacía pensar que esta partida menguaría de la forma menos deseada: las prestaciones y los subsidios no son eternos. Así sucedió a finales de 2010 y comienzos de 2011.

Pero la recesión ha vuelto. Los despidos regresan. Y las solicitudes para cobrar el paro en los últimos meses muestran que esta factura caerá menos de lo previsto. En octubre y noviembre aumentó el número de parados que pedían prestación, un 0,9% y un 6,4% sobre el mismo mes de 2010, respectivamente. Y la bajada del gasto mes a mes es cada vez menor.

martes, 3 de enero de 2012

LA EUROPA DE LOS DESPROPÓSITOS

Les dejo con el siguiente artículo publicado en El País que, ha modo de resumen, cita cada uno de los pasos dados hasta llegar a la actual situación. Varios años después de las primeras medidas y tras un sinfín cumbres y reuniones con el supuesto objetivo de solucionar los problemas, nos encontramos bastante peor y con perspectiva negativa, como diría una agencia de calificación.

EL AÑO MÁS DIFÍCIL DEL EURO
Los errores de Merkel y Sarkozy agravan hasta el límite la crisis de la moneda única.

ANDREU MISSÉ / CLAUDI PÉREZ 31/12/2011(ELPAÍS.com)

1. Juran y perjuran. "El euro no va a desaparecer", pregona Herman van Rompuy, presidente del Consejo Europeo. "El euro es irreversible", asegura Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo (BCE). El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, conmina a "hacer todo lo posible para salvar el euro". La canciller alemana, Angela Merkel, ha repetido hasta la saciedad que "si el euro fracasa, fracasa Europa". El presidente francés, Nicolas Sarkozy, advirtió en tono aún más apocalíptico antes de la última cumbre que "no habrá una segunda oportunidad" para salvar el euro.

Este alud de proclamas revela mejor que ningún otro análisis la gravísima situación en que se encuentra el proyecto europeo, cuando el 1 de enero se cumplen los 10 años de la puesta en circulación de los billetes y monedas del euro. La posibilidad de ruptura, de una implosión de la eurozona, ha dejado de ser un imposible. El euro nació con un banco central común, pero sin un Tesoro común: en medio de la Gran Recesión esa debilidad -esa cojera- ha dejado Europa muy rezagada, a la intemperie. La crisis proporcionó una opción para remediar esa deficiencia, pero Alemania no lo pone fácil: ha impuesto el palo de la austeridad, pero de momento no hay mucho más: nada de zanahoria. Berlín está en desacuerdo con el resto del mundo en su temor a la inflación más que a la recesión y, por encima de todo, los alemanes no quieren ser quienes paguen los platos rotos del resto de Europa. "Berlín quiere que los demás paguen por sus pecados. Incluso los mejores economistas alemanes han sucumbido a este cuento moralista. Sin esa fuerza motriz que ha sido Alemania durante años, la integración europea está en punto muerto", explica Paul de Grauwe, del Centre for European Policy Studies (CEPS).

2. Crisis múltiples. Nicolas Veron, investigador de Bruegel, un centro de estudios de Bruselas, subraya las múltiples dimensiones que está adquiriendo la crisis: "En el frente de la deuda soberana no hay acuerdo a la vista sobre la reestructuración de Grecia, mientras que España e Italia se enfrentarán a mayores necesidades de refinanciación en 2012. En el frente de las reformas institucionales, la cumbre de diciembre no logró una verdadera unión fiscal y las tensiones con Reino Unido están al rojo vivo". El sistema bancario, añade Veron, "personifica muchas de las contradicciones del experimento europeo de la Unión Monetaria". Los sucesivos fracasos de las repetidas pruebas de resistencia efectuadas revelan que nadie sabe cuál es su situación real: no sabemos cómo están los bancos. Solo sabemos, como recordaba hace pocos días un alto funcionario del BCE, que "desde hace meses el crédito está paralizado". Eso tiene consecuencias potencialmente desastrosas: "Una economía capitalista es una economía basada en el crédito. Cualquier cosa que reduzca severamente el flujo del crédito es perjudicial", explica Antonio Torrero, de la Universidad de Alcalá.

3. El éxito (inicial) del euro. La corriente del crédito se alimenta de la confianza en que en el futuro se cumplirán los compromisos que se conciertan en el presente. El problema es que esa confianza se ha evaporado. Las incertidumbres actuales han pulverizado buena parte de los éxitos del euro. El expresidente del BCE Jean-Claude Trichet destacaba hace seis meses uno de los grandes éxitos de la eurozona: "Se han creado más de 14 millones de empleos desde el nacimiento de la zona euro, comparados con los ocho millones de Estados Unidos en ese periodo". El problema es que aun así más de 23 millones de personas están en paro, y en el último medio año la situación se ha deteriorado. La falta de crecimiento y de empleo están convirtiéndose en problemas crónicos. Bruselas pronostica para 2012 un ligero aumento del paro.

No habrá grandes festejos para celebrar el aniversario del euro: el único gesto será la acuñación de 90 millones de monedas conmemorativas de dos euros. No están los tiempos para celebraciones.

4. Beneficios. A sacudidas. Lo que no se puede negar es que el BCE ha conseguido mantener la inflación por debajo del 2% durante los últimos 12 años. "Es el mejor resultado de todos los bancos centrales durante los últimos 50 años, incluido el Bundesbank", dijo Trichet en una airada respuesta a un periodista alemán en una de sus últimas ruedas de prensa.

Pero ese dato tiene su envés. La salida de un país del área euro ya no es ciencia-ficción, y los bancos se han dedicado en los últimos meses a cuantificar sus efectos devastadores. Ansgar Belke, del prestigioso instituto alemán DIW, es rotundo: "Los costes del peor de los escenarios (una ruptura de la zona euro, que sería una especie de día del juicio final) son demasiado grandes para ser cuantificados". Y sin embargo, la paradoja es que solo con un shock adicional la eurozona puede dar los pasos necesarios para salvar el proyecto. Europa suele avanzar a sacudidas. Pero es complicado jugar con fuego: ese shock debe ser lo suficientemente rotundo como para que la eurozona se mueva en la dirección adecuada, y a la vez no debe sobrepasar un punto de no retorno para que ningún país cruce la línea, decida que es preferible salir del euro y genere problemas de inestabilidad.

5. Errores en cascada. La crisis europea se desató por la incapacidad de la UE de solucionar las dificultades de Grecia, que supone el 2% de la economía europea. El Gobierno socialista de Atenas descubrió en octubre de 2009, tras ganar las elecciones, que el déficit real de ese año era del 12,7% del PIB, el triple de lo declarado por el anterior Gobierno conservador. Los intereses de su deuda se dispararon. Durante meses la UE fue incapaz de encontrar una solución. Como consecuencia, el mal griego se fue contagiando a otros países como Portugal e Irlanda, que tuvieron que afrontar costes de financiación de sus deudas crecientes. Durante la primera década del euro, prácticamente toda Europa pagaba lo mismo por su deuda: a partir de la crisis griega resurgieron las primas de riesgo, que reflejan el sobrecoste que pagan los países menos fiables para financiar su deuda con respecto a Alemania.

6. Riesgo mundial. La cuestión es que el problema de un pequeño país se convirtió a partir de febrero de 2010 en un problema para el euro. Y va a más: "Las dificultades de la eurozona son la mayor sombra sobre la economía global. Y no tienen respuesta fácil. Una mayor integración política no es sencilla. La salida de los países más débiles es políticamente inaceptable. La única solución realista es una interpretación expansiva del mandato del BCE", resume Kenneth Rogoff, ex economista jefe del FMI.

7. No te ayudo ni dejo que te ayuden. Grecia es la piedra filosofal del tremendo lío europeo. Nadie va a confiar en Europa si la UE no puede hacerse cargo de su socio más débil. En los dos últimos años el rosario de equivocaciones es interminable. El primer error grave fue la negativa de los líderes europeos a permitir que Grecia negociara una ayuda con el FMI. Mientras la situación se iba pudriendo, el coste de la prima de riesgo griega se disparaba. Merkel, pendiente de sus elecciones en Renania del Norte-Westfalia y conocedora de lo impopular que era la ayuda a un país que había hecho trampas, fue manteniendo una actitud ambigua que oscilaba entre ofrecer fondos con durísimas condiciones y amenazar a los países con déficits desbocados con la expulsión del euro. Perdió esas elecciones, y muchas otras, incluso en feudos tradicionales de su partido.

8. Primer remiendo. La situación estalló a principios de mayo de 2010, en medio de una crisis bursátil internacional que despertó la alarma en Estados Unidos y China. La UE y el FMI acordaron conceder una línea de préstamos de 110.000 millones a Grecia. Pero la ayuda llegaba tarde, era muy cara y a muy corto plazo. A ese remiendo para Grecia se le han superpuesto varios parches. Sin éxito.

Aquel mes de mayo también se aprobó el primer fondo de rescate temporal, que debía ayudar a los países con dificultades con una potencia de fuego de 440.000 millones. El fondo ha sido otro fracaso. Primero se comprobó que su capacidad real era inferior. Luego se vio que le era muy difícil captar recursos en los mercados. Al final, el BCE se ha hecho con las riendas, pero persisten dudas sobre si tiene munición como para lidiar con casos como el italiano y el español.

9. El BCE como cortafuegos. A partir de mayo, el BCE empieza a comprar deuda de países en dificultades. Aunque muy racionada, constituye la única medicina disponible. Hasta el momento ha adquirido deuda de Grecia, Irlanda, Portugal, Italia y España por 211.000 millones. Pero son compras de poco volumen (comparadas con las de Estados Unidos o Reino Unido) y con la boca pequeña. Trichet y Draghi se han parapetado tras el Tratado, que prohíbe a la UE financiar deudas de los Estados. Destacados economistas vienen reclamando una acción más decidida. "Solo el BCE puede parar el contagio", según De Grauwe. "Detener la crisis requiere una revisión fundamental de las instituciones de la zona euro. Y la parte más importante es asegurarse de que el BCE asumirá toda la responsabilidad como prestamista de última instancia en el mercado de bonos".

10. Un pozo sin fondo. El trasfondo de la crisis está en una banca que ha adquirido un tamaño descomunal y que ha acumulado pérdidas en sus operaciones especulativas, primero en Estados Unidos (con las hipotecas locas) y después en Europa, con sus burbujas inmobiliarias y otros riesgos. La Comisión encargó a un grupo de expertos el diseño de un sistema de supervisión a escala europea. Su propuesta inspira la creación de tres autoridades en materia de banca, Bolsa y seguros. Pero las reformas del sistema financiero van muy lentas y son de escaso calado. Como señala con lucidez Bernardo de Miguel en su libro Qué está pasando, "al final, cada vez que la UE o Estados Unidos han intentado arremeter contra alguna parte del mercado financiero presuntamente peligrosa han acabado rebajando la ofensiva".

Europa sabe poco de sus bancos. La primera prueba de resistencia, en julio de 2010, fue un fiasco. Se analizaron 91 bancos, suspendieron siete y las necesidades de capital fueron mínimas: inmediatamente después se hundieron los bancos irlandeses. Un año después se repite el error: en julio de 2011 suspenden ocho entidades, cinco de ellas españolas, y se detecta un agujero de 2.500 millones. Un mes después, el FMI lanza una cifra ocho veces mayor al apuntar que las necesidades reales de la banca europea son de 200.000 millones. Bruselas carga contra el FMI, pero al final Europa acabará admitiendo que ese dato es razonable. "Poco, tarde y mal, ese ha sido el problema que ha arrastrado la eurozona en todos los flancos, también con la banca", señala Ángel Ubide, del Peterson Institute.

11.

Merkozy o cómo meter la pata. Ahora todo el mundo lo dice: en Bruselas, en el BCE, en muchos Gobiernos ya nadie oculta que la exigencia de Merkel secundada por Sarkozy de que los bancos deben asumir parte del coste de la crisis tiene tanto de sentido justiciero como de infantil. A primera vista, todo el mundo estaba de acuerdo con Merkel en que los bancos cargasen con parte de las pérdidas, sobre todo si se piensa que son quienes más responsabilidad tienen en lo ocurrido. Pero los bancos no podían resistir la más mínima carga. Por esto Trichet, el mejor conocedor de la situación, se opuso radicalmente a esa endiablada propuesta.

La idea de Merkel implica que los tenedores de bonos paguen una parte de la pérdida de su valor. En Europa la mayor parte de la deuda pública está en manos de los bancos: eso equivale a reconocer que los propios Estados les dicen a los bancos que la deuda que emiten no vale lo que efectivamente dice el título. Ese mensaje provocó la caída de Irlanda, cuyos bancos recibieron el último empujón hacia el abismo. A finales de noviembre de 2010, la UE y el FMI tuvieron que salir al rescate de Dublín con una ayuda de 85.000 millones.

12. El directorio germanofrancés (antes francoalemán). Uno de los muchos efectos perversos del creciente protagonismo del directorio germanofrancés es que ha acabado por neutralizar las instituciones europeas, especialmente la Comisión. Merkel y Sarkozy, por ese orden, tratan de sacar réditos políticos con la vista puesta en las elecciones de 2012 (Francia) y 2013 (Alemania). A Europa la están matando los intereses nacionales: a ese juego se ha sumado recientemente el premier británico, David Cameron, aunque de la jugada ha salido algo trasquilado.

13. El error Deauville. Quizá uno de los efectos más graves salidos de la cumbre de Deauville es que el Consejo Europeo acuerda modificar el Tratado de la UE para establecer un fondo permanente. Es el llamado Mecanismo Permanente de Estabilidad (MEDE). La clave: detalla la manera en que los tenedores de bonos tendrán que asumir pérdidas en futuras reestructuraciones. Esta propuesta no ha hecho más que alimentar la inestabilidad en los mercados: ha sido como verter gasolina en el incendio. Los tenedores de títulos públicos solo piensan en deshacerse de ellos y solo están dispuestos a adquirirlos si es con mayores intereses. La presión se lleva por delante a un tercer país, Portugal, que en mayo de 2011 debe ser rescatado con 78.000 millones.

14. La Europa alemana. "La crisis es una oportunidad", dice el ya muy manido mantra. La versión europea es que esa oportunidad consiste en dar otra vuelta de tuerca. El Consejo de marzo aprueba otra de las pretensiones de Alemania: el pacto del euro. Ya no se trata de establecer el máximo rigor en las cuentas públicas, sino que se exige a los Estados un control de los salarios, la productividad, los acuerdos de fijación de salarios, las pensiones. Todo parece indicar que son recetas en la dirección equivocada si se aplican en todos los lugares a la vez, una suerte de fundamentalismo insano. Daniel Gros, director del CEPS, aduce que es un error considerar que "los excesivos déficits son la causa de la crisis". En la zona euro el déficit público agregado es del 4% del PIB, muy por debajo del 10% de Estados Unidos. En su opinión, "el problema es la distribución de los ahorros dentro de la eurozona. Hay un exceso de ahorro al norte de los Alpes; la reticencia de los ahorradores del Norte a invertir en la periferia es la raíz del problema". En su opinión, "eso se podría resolver si el BCE se convirtiera en comprador de última instancia de la deuda rechazada por los mercados".

El BCE como salvador, una vez más. Pero el BCE no acaba de aparecer porque Alemania se opone: "Es lógico que Berlín trate de asegurarse nuevas reglas antes de abrir la mano respecto al BCE y los eurobonos. Reglas creíbles y eficientes son necesarias y son parte importante de la operación para recuperar la confianza que necesita Europa", explica Joachim Schmidt, del think tank berlinés RWI. El Nobel Paul Krugman suele recelar de quienes se empeñan en reclamar austeridad para convocar al hada de la confianza, cuya varita mágica no termina de aparecer.

15. Más Grecia y el misterio de la banca. Todas las propuestas anunciadas están basadas sustancialmente en la austeridad y la desregulación laboral. Pero no han logrado detener el deterioro de la situación. A mediados de año el FMI empieza a sospechar que Grecia no podrá cumplir. En junio el contagio llega a España e Italia, dos países grandes, dos grandes problemas. La aparente solución llega en el Consejo de julio. Se acuerda un nuevo plan de rescate para Grecia de 109.000 millones. Se anuncia que el sector privado contribuirá con otros 50.000 millones, con una fórmula que nunca queda del todo clara: la banca deja de ganar un 21%, pero en realidad las pérdidas son muy inferiores al 10%. Eso sí, se reconoce que el programa anterior era insoportable, se rebaja el interés de los préstamos al 3,5% y se alargan los plazos a 30 años.

Al mismo tiempo, se potencia el fondo temporal de rescate y se le faculta para que recapitalice bancos, compre deuda en los mercados secundarios y ayude a países de forma preventiva. Parece todo resuelto. Todo el mundo se va de vacaciones pensando que esta vez sí. Pero la tormenta financiera de agosto echa por tierra esas esperanzas.

16. El BCE entra en política. Entonces es de nuevo el BCE quien salva los muebles. Reanuda la compra de deuda para evitar un desastre. Aunque esas eran y son compras condicionadas: Trichet envía cartas a Madrid y Roma con serias exigencias. Poco después, Italia anuncia un duro plan de ajuste y España acuerda una reforma exprés de la Constitución, que implica la cuasi eliminación del déficit. Efecto nulo: en septiembre, Barroso alerta de que la UE se enfrenta a la mayor crisis de su historia.

17. Cumbre de octubre. Otro palo de ciego. El 27 de octubre, de madrugada, in extremis, los líderes reconocen que Grecia no tiene solución si la banca no asume mayores pérdidas. Al mismo tiempo, hay que reconocer que el FMI tiene razón y hará falta una recapitalización bancaria mayor. Ese día Europa decide que hay que tratar de romper un círculo vicioso: el de los bancos a los que los Estados deben rescatar, lo que agrava la situación fiscal de las haciendas, lo que a su vez provoca una devaluación de la deuda pública que penaliza a los balances de los bancos, que a su vez precisan un nuevo rescate, y así ad infinítum.

El resultado es una cumbre histórica en la que supuestamente se resuelve todo. Pero la historia es otra cosa. Hay avances, sí: las cifras que precisa la banca empiezan a parecerse a la realidad (algo más de 100.000 millones), pero está por ver cuál será la aportación pública. Los bancos asumen una quita del 50% de la deuda griega y la aportación de la UE al segundo rescate de Grecia ascenderá a 130.000 millones, pero se desconoce cuál será la participación del FMI. También se acuerda potenciar el fondo de rescate, pero confiando en que chinos, brasileños y otros emergentes echen una mano. Demasiados peros. La conclusión de la cumbre es la misma que en ediciones anteriores: patada a seguir.

18. Credibilidad mermada. Y recesión a la vista. Lo más inquietante es que los solemnes acuerdos de la UE cada vez tienen menos credibilidad. No se cumplen, se contradicen o se corrigen como si nada. Pero ahora la situación es peor porque la Comisión pronostica que Europa estará al borde de la recesión en 2012. Italia ya ha recaído. España está en camino. Los mercados, que antes pedían recortes, ahora empezarán a pedir crecimiento. Olivier Blanchard, economista jefe del FMI, describe esa paradoja aludiendo a "inversores esquizofrénicos". Los doctores del medievo creían que sangrando a sus pacientes se les podía curar: el efecto era el contrario, una mayor debilidad. "Los mercados reaccionan positivamente a un mayor control del déficit, pero después negativamente cuando eso lleva a un menor crecimiento, lo que a menudo sucede", avisa Blanchard.

19. Vienen más recortes. El impaciente inglés. El 9 de diciembre los líderes vuelven a reunirse para intentar detener la sangría. Empieza a imponerse la solución final: el trasfondo es que Alemania acepte un mayor protagonismo del BCE en la compra de deuda o la emisión de eurobonos a cambio de un pacto fiscal más estricto. Los líderes acuerdan más unión fiscal, pero de momento el BCE no reacciona. La gran sorpresa es la ruptura con Reino Unido, que exige importantes salvaguardas para la City. Ello supondrá un nuevo acuerdo internacional; es decir, un Tratado para reforzar la disciplina fiscal de la zona euro, abierto a los demás países. Lo más importante es que se pacta una importante rectificación: los bancos no participarán en las pérdidas de la deuda. Se proclama que Grecia es un caso excepcional. Pero tampoco esto queda del todo claro porque se decide seguir los criterios del FMI, que no excluyen esta posibilidad.

20. Europa dividida. Otra cumbre sin soluciones. Ahora la tarea es acordar contrarreloj dos tratados internacionales: uno para concretar el pacto fiscal de la zona euro y otro para activar el mecanismo permanente de ayudas. Todo eso, en los primeros meses de 2012. Mientras la banca sigue sin dar créditos. Mientras la UE está ante una deriva intergubernamental, con la Comisión y el Parlamento como convidados de piedra.

2011 se cierra con una Europa más dividida que nunca. Con la banca paralizada, a la vista de si los últimos y multimillonarios auxilios sirven para animar a las entidades a volver a prestar: de lo contrario el estancamiento será doloroso. A ese sombrío horizonte se suma un lío de reformas institucionales de consecuencias impredecibles. Y ni una sola decisión para desencallar el crecimiento y el empleo en una UE pilotada por la derecha que solo cree en la austeridad y la disciplina, a pesar de los fracasos recogidos especialmente en Grecia y Portugal. Próxima parada, 2012. Abróchense los cinturones.