miércoles, 16 de marzo de 2011

¿QUIÉN CONTROLA NUESTRA DESPENSA?

El siguiente artículo fue publicado en Cotizalia el 12/03/2011.

Es interesante comprobar cómo se mueven las corporaciones que dominan ciertos sectores, en este caso uno de los más importantes y estratégicos, el de la alimentación.

La mayor de las discreciones predomina en la gestión de sus negocios mientras, en la sombra, mueven ingentes cantidades de capital que generan beneficios para estas corporaciones.

Diariamente deciden sobre el porvenir de millones de personas ajenos a esta realidad y centrados en la rentabilidad creciente de sus negocios. Mientras tanto el crecimiento de los beneficios que genera su actividad sólo es comparable a la evolución de la hambruna en el mundo.

CARGILL, EL GIGANTE SILENCIOSO QUE DOMINA EL COMERCIO MUNDIAL DE COMIDA.

Piense en nombres de grandes compañías de bebidas y alimentos. Probablemente en su lista estarán Nestlé, Kraft, General Mills o Danone pero, casi con seguridad, no aparecerá Cargill. ¿Qué es Cargill? Esa sería la pregunta que posiblemente se haría. Pocos lo saben pero es amo y señor de la alimentación del planeta. Abra su nevera y ahí está Cargill: en el chocolate, el zumo, la carne, el yogur, los refrescos, la leche. Y así, en casi todo, porque este gigante silencioso que facturó el pasado año 107.900 millones de dólares provee a las grandes compañías del sector de ingredientes básicos, a la vez que alimenta con sus piensos a los ganados.

La empresa, fundada por los hermanos William Wallace y Sam Cargill en 1865, fue concebida en sus comienzos como un negocio sencillo, dedicado exclusivamente a la producción y distribución de granos. En 1895, la ‘familia’ creció: John H. MacMillan, procedente de otra estirpe del sector, se casó con una de las hermanas Cargill y se incorporó a la compañía, que fue expandiéndose cada vez más. Mucho ha llovido desde entonces. Pese a que sigue siendo una empresa familiar, su crecimiento ha sido espectacular. Con 131.000 empleados en 66 países y sede principal en Minnesota (EEUU), Cargill es, según Forbes, la mayor empresa privada norteamericana y controla, junto a las también estadounidenses Bunge y Archer, el 90% del comercio mundial de granos, según datos de asociaciones del sector.

Pero su dominio abarca mucho más que comida. Cargill está presente también en el transporte, las finanzas, la cosmética, el sector farmacéutico, la energía y la industria. La gran incógnita es porque una empresa de tal envergadura es apenas conocida. El principal motivo es que no cotizan en bolsa y, también, su discreción. El clan Cargill-MacMillan no suele aparecer en los medios. Apenas hay fotos de ellos, ni siquiera en la lista Forbes de multimillonarios, publicada recientemente y en la que siete de sus miembros aparecen entre los puestos 200 y 400 con fortunas estimadas de entre 4.700 y 2.400 millones de dólares por cabeza.

La empresa, que obtuvo unas ganancias netas de 2.600 millones de dólares en su ejercicio fiscal 2010, no deja de engordar sus cuentas y más aún ante la situación actual del mercado de alimentos, cuyos precios experimentaron en febrero su octava subida mensual consecutiva y marcaron un nuevo récord histórico, según refleja el Indicador de Precios de los Alimentos elaborado desde 1990 por la Organización de la ONU para la Agricultura y la Alimentación (FAO). Así, mientras el Banco Mundial ha advertido de que el alza de los precios ha generado 44 millones de pobres en los últimos seis meses, la especulación no cesa. En medio de este panorama, las grandes multinacionales del sector alimentario se frotan las manos. En el mercado de futuros Chicago en tan sólo un año el trigo se ha disparado un 27,8%, la soja un 44,4%, la leche un 37,3%, el maíz un 78,2% y la mantequilla un 44%, según datos recogidos por Bloomberg.

El poder de estas empresas es inmenso. Los gobiernos las observan de cerca con recelo. Los distintos encontronazos que mantienen con las autoridades lo ponen de manifiesto. En 2009, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, ordenó la expropiación de varias plantas de la filial de Cargill, acusándola de ·violar· las leyes locales que garantizan el acceso a la población a alimentos de calidad y baratos. Un año antes, en 2008, la Comisión Europea ordenó una serie de redadas en las oficinas de la empresa en el marco de una investigación sobre comercio y distribución de cereales y otros productos agrícolas en países comunitarios.