sábado, 27 de noviembre de 2010

REFLEXIÓN SOBRE LAS ENERGIAS RENOVABLES

Es frecuente escuchar en los medios de comunicación de masas que las energías renovables son muy caras debido a las altas subvenciones que reciben de los gobiernos.

Algunos periodistas y también creadores de opinión, que cada vez abundan más en los medios de comunicación, sustituyen a técnicos y profesionales que son los que realmente saben de lo que hablan. Conviene no caer en la desinformación ni atender a opiniones sesgadas por los intereses particulares de ciertos sectores de la economía y la política, que difunden sus opiniones con clara intención de adoctrinar y conducir al rebaño hacia el redil de sus propios intereses.

En lo que a los medios de comunicación de masas afecta, es preciso indicar que los ciudadanos somos eso, ciudadanos. Por lo tanto, debemos exigir al menos, respeto, pero también rigor en la información y que quien nos informe sea eso, un informador y no un vocero al servicio de unos intereses particulares.

Recientemente la Agencia Internacional de la Energía (AIE), organismos creado en 1974 que asesora a 28 países occidentales, en su mayor parte importadores de petróleo, indicó en su informe anual, que los subsidios a combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas) en todo el mundo alcanzan anualmente los 224.000 millones de euros, mientras que las renovables reciben unos 41.000 millones, cinco veces menos.

En definitiva, los ciudadanos del mundo, con los impuestos que pagamos, estamos subvencionando el cambio climático, la contaminación de los ecosistemas, la perdida de la biodiversidad, el agotamiento de los recursos, y otros tantos despropósitos a través de los respectivos gobiernos y de las ayudas que estos prestan a las industrias vinculadas a la explotación de los combustibles fósiles.

Mencionar que para un país como España o incluso para la propia Unión Europea, dependientes en un alto porcentaje de los recursos energéticos externos, cada euro invertido en combustibles fósiles es un euro que tiene grandes posibilidades de engrosar el superávit de los países exportadores de este tipo de combustibles, lo que genera la llamada dependencia energética. Esto es tanto como decir que, en última instancia, se depende de un tercero para garantizar la economía, la solvencia y la estabilidad de un país importador y dependiente. Por lo tanto, todos los pasos que tiendan a reducir esta dependencia serán pocos. Máxime en un contexto en el que la demanda sigue creciendo y la oferta de combustibles fósiles disminuye y se encarece, como consecuencia de la merma continua de los recursos energéticos, en este caso no renovables. A la lista anterior -carbón, gas y petróleo- hay que añadir el uranio y el plutonio, que además de escasos, son de difícil extracción y necesitan de un complejo y caro proceso de enriquecimiento antes de servir como combustible. Por no mencionar el tema de los residuos nucleares que es un asunto espinoso, no resuelto y además muy caro de contener con ciertas garantías.

En contrapartida a lo indicado en el párrafo anterior, cada euro invertido en energías renovables es un euro que revierte en la economía local, que genera industrias, crea puestos de trabajo, reduce la dependencia energética y lo más importante, reduce la contaminación en general y las emisiones de gases de efecto invernadero en particular -a excepción de los biocombustibles, que dependiendo del cultivo de donde procedan, pueden consumir más combustibles fósiles que los que pretenden ahorrar, como consecuencia del uso intensivo de pesticidas y de las labores de recolección y transporte-.

Se debe tener en cuenta que la inversión e investigación en energías renovables puede reducir drásticamente los precios de producción. A modo de ejemplo, destacar que la energía geotérmica producida a través del calor que emanan las piedras a 4.500 metros de profundidad, reducen los costes de producción de cada kilovatio en un 40% respecto a la energía tradicional -pasa de 0,19 dólares por kilovatio a 0,09 dólares-. Mediante la perforación de pozos profundos se puede obtener esta energía en casi cualquier lugar del planeta.

A pesar de lo mencionado anteriormente, es necesario referirse a la gestión que se hace de los recursos económicos destinados a las energías renovables. La cultura del pelotazo, los favoritismos interesados por parte de algunos políticos y la dependencia de algunas empresas de las subvenciones del estado, no deben ensombrecer el avance de estas energías fundamentales para nuestro desarrollo. Como ciudadanos debemos exigir que las inversiones públicas se realicen de la forma más eficiente posible para que beneficie al conjunto de la población y no sólo a las empresas que las perciben. No obstante, una mala gestión no es óbice para justificar lo inapropiado de las energías renovables como predican algunos. Donde haya una mala gestión, sea en el ámbito que sea, la solución es sustituirla por una buena.

Tenemos que dar las gracias a la naturaleza y a este generoso planeta en el que vivimos por ofrecernos de forma abundante, gratuita y continua la energía que en forma de luz, calor, viento y agua tanto necesitamos y de la que dependemos. En nuestras manos está darnos cuenta de esta realidad y gestionarla adecuadamente, por mucho que otros intenten ocultarla.

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