jueves, 2 de septiembre de 2010

DESDE UNA ECONOMÍA DE CONSUMO HASTA EL SOSTENIMIENTO DE LA VIDA

En el post anterior "La confianza es la base de la pirámide del sistema económico", hacía una aproximación al concepto de valor comparando algo tan etéreo como los asientos contables almacenados en los servidores de las entidades financieras con las monedas y billetes, mucho más tangibles, que utilizamos al adquirir un bien o un servicio. Incluso si las monedas fallan nos sigue quedando el oro, al que en última instancia podemos recurrir como vehículo para realizar los intercambios comerciales. No obstante, ninguna de estas formas de intercambio, incluido el oro, sirven cuando de lo que se trata es de preservar lo que más valor tiene, la vida.

Valoramos la salud de una economía en función de su tasa de crecimiento, considerando este como algo ilimitado, razón por la que esperamos que las empresas en cada campaña de resultados nos sigan sorprendiendo con resultados positivos y mejores de lo esperado, premiando a aquellas que lo consiguen con la confianza -temporal- de los inversores y castigando a las que no llegan a las expectativas con severos descensos en los mercados de valores.

Pero ese crecimiento tiene un coste y precisamente un coste en aquello a lo que cualquier persona con sentido común otorgaría el máximo valor, la vida. Me refiero concretamente al coste en biodiversidad y al medioambiental.

Hoy en día es incuestionable que los efectos del desarrollo del sistema económico están transformando la faz de la Tierra en todas sus vertientes. Se producen fenómenos climáticos que año tras año nos lo recuerdan y cada vez con más intensidad. El planeta Tierra reacciona ante la presión a la que le sometemos y es que el hombre ha alcanzado tal magnitud en número, extensión e influencia que estamos agotando aquello que pensábamos inagotable y llevando al límite aquello que estimábamos ilimitado.

Se impone como nuestro mayor reto el evolucionar desde la economía del crecimiento y del consumo al sostenimiento de la vida. ¿De que nos puede servir todo el oro del mundo cuando los suelos estén tan agotados que no produzcan alimentos, los mares tan contaminados y sobre-explotados que no sean ni reflejo de la abundancia de vida que un día tuvieron, el agua potable escasa e insuficiente para saciar la sed de la población y la atmósfera cargada de carbono hasta límites incompatibles con la propia vida?. No hay alternativa, el sostenimiento de la vida es el único camino hacia una economía sostenible y mucho más importante, hacia la supervivencia.

Un equipo de científicos europeos, australianos y estadounidenses dirigido por Johan Rockström, del Centro de Resiliencia de Estocolmo, tras examinar numerosos estudios interdisciplinarios de sistemas físicos y biológicos, identificó recientemente nueve procesos ambientales que podrían perturbar, e incluso impedir, la capacidad del planeta para albergar vida humana. Este equipo estableció unos límites para esos procesos, dentro de los cuales la humanidad podría operar sin riesgo. Los procesos son: el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la contaminación por nitrógeno y fósforo, la reducción del ozono estratosférico, la acidificación de los océanos, el consumo de agua dulce, el uso del suelo, la contaminación atmosférica por aerosoles y la contaminación química a nivel mundial. Los dos últimos no se han estudiado aún en profundidad, por lo que no se han determinado sus límites, no obstante, el análisis pone de manifiesto que tres de los procesos han rebasado ya sus límites, a saber: la perdida de la biodiversidad, la contaminación por nitrógeno y el cambio climático. En especial la perdida de la biodiversidad ha sobrepasado en diez veces su límite aceptable - a esto me refería cuando anteriormente decía que estamos pagando el crecimiento con vida -. El resto de los procesos se están encaminando hacia sus valores umbrales.

Es evidente que tenemos que reaccionar de inmediato. Es posible hacerlo con resultados favorables con los medios y las tecnologías disponibles en la actualidad. Un aspecto fundamental es la generación y gestión de la energía. Es posible pasar en un ciclo de 20 años de una producción energética basada en los combustibles fósiles a otra basada en la gestión eficaz y el ahorro de energía, procedente unicamente de fuentes renovables y sostenibles como la eólica, solar, hidroeléctrica, geotérmica y mareal, en un mix de energías renovables capaces de cubrir las necesidades de la población mundial.

Por otra parte el cambio decidido hacia esta nueva forma de entender nuestra relación con la naturaleza y la generación de energía, proporcionaría un impulso económico muy importante a nivel global como resultado de la fabricación e implantación de los dispositivos necesarios para generar energía limpia. Los medios y las tecnologías existen, solo resta la intención de hacerlo, la conciencia social generalizada y la influencia determinante de la ciudadanía hacia los políticos que parecen estar esperando de nosotros el grado de presión suficiente como para contrarrestar la presión de las transnacionales y los lobbyes que les representan. Existen, por tanto, fuerzas y poderes en contra de este cambio tan necesario ya que mantener las cosas como están seguiría beneficiando a quienes hoy se llevan la mayor parte de las ganancias. Pero hemos de ser conscientes de que el bien común y la vida, en su sentido más amplio, son mucho más importantes que la acumulación de riquezas por parte de una élite ocupada unicamente en su propio interés y a quienes ciega la codicia.

En 1972 un equipo de jóvenes analistas de sistemas del Instituto de Tecnología de Massachusetts elaboró un informe encargado por el Club de Roma que resultó en la presentación de un libro "Los límites del crecimiento". Tres fueron las conclusiones del equipo de investigación, a saber:

1. Si se mantienen las tendencias actuales de crecimiento de la población mundial, industrialización, contaminación ambiental, producción de alimentos y agotamiento de los recursos, nuestro planeta alcanzará los límites de su crecimiento en el transcurso de los próximos cien años.

2. Es posible modificar estas tendencias de crecimiento y establecer unas condiciones de estabilidad ecológica y económica que perduren en el futuro, el estado de equilibrio mundial podría concebirse de tal manera que se cubriesen las necesidades materiales básicas de todo el mundo y cada persona tuviera las mismas oportunidades de desarrollar su potencial humano.

3. Si los habitantes del mundo deciden esforzarse por alcanzar este segundo objetivo y no el primero, cuanto antes comiencen a trabajar por su logro mayores serán sus probabilidades de éxito.

Desde 1972 hasta la actualidad se han dado pasos en las dos direcciones. Resulta evidente que pese a los esfuerzos de muchos por impulsar el postulado del punto 2 se ha seguido avanzando en la dirección del crecimiento descontrolado y del agotamiento de los recursos.

Vivimos en un planeta acorralado y sin darnos cuenta estamos poniendo nuestra propia existencia en peligro. De nosotros ha dependido llegar a esta situación y de nosotros depende corregir el rumbo. La única alternativa viable es considerar la naturaleza como nuestro entorno vital a preservar y no un recurso de usar y tirar.

Si esta idea prevalece en el pensamiento colectivo, nuevas formas de actuar e interaccionar con nuestro entorno prevalecerán sobre las relaciones de poder construidas a favor del petróleo, del automóvil y la construcción, sus patrocinadores financieros y sus acólitos políticos. Podemos forjar hábitos duraderos y armoniosos para habitar en este nuevo planeta, renacido de un pensamiento más consciente, pero antes hay que abandonar la idea de que el futuro se va a parecer al pasado.

Bibliografía:


Gaia, autor James Lovelock.
Los límites del crecimiento, del equipo de analistas del MIT.
Eaarth, autor Bill Mckibben.