miércoles, 30 de junio de 2010

¿QUÉ MODELO DE SOCIEDAD QUEREMOS?

El pasado fin de semana se celebró la reunión del G-20 en Canadá. Dos posturas encontradas. Por una parte lo norteamericanos interesados en que los países continúen con los planes de estímulo de la economía, aún a costa de seguir endeudándose. El fundamento de esta estrategia, según ellos, consiste en que sin los estímulos de los gobiernos pronto volveremos a caer en recesión. Ni el consumo, ni en general la economía privada, pueden continuar con la incipiente recuperación impulsada por el estímulo inversor de los gobiernos.

Por otra parte los europeos con Alemania a la cabeza, son partidarios de detener la sangría que para los gobiernos supone dar continuidad a las ayudas públicas. La medida busca el saneamiento de las cuentas del estado para dar confianza a los mercados e impulsar las inversiones privadas. Continuar incrementando el déficit sería una irresponsabilidad ya que esa deuda tarde o temprano habría que pagarla. Además, se incrementaría el riesgo país, lo que impulsaría los tipos de interés a pagar por la deuda y supondría una losa sobre la recuperación en los países afectados. No obstante, no parece que esto sea aplicable a países como Irlanda, uno de los que primero se apuntó a los recortes y que más se aplicó en el empeño, pues sigue recibiendo el castigo implacable de los mercados. Al resto de los países, pertenecientes a un nuevo club llamado "la periferia de Europa", les está pasado lo mismo.

Bueno, creo que es hora de decir que ambos tienen razón. Si consulta los post anteriores hay datos que confirman que, sin la continuidad de los estímulos públicos, existe una probabilidad elevada de recesión que podría materializarse en 2011. Por otra parte, si se continúa con el nivel de gasto público alcanzado durante la fase de los estímulos económicos, es más que probable que las finanzas de muchos países se tornen insostenibles, generando un ambiente de total desconfianza muy pernicioso para la economía en general y los mercados en particular.

La respuesta de los gobernantes reunidos en Canadá ha sido titubeante ante la situación económica actual, no ha habido enfrentamiento, al menos público, pero tampoco medidas coordinadas. Este el el lamentable estado de la gobernanza global. Cada uno que haga lo que buenamente pueda según sus criterios. Si por lo menos el contribuyente pudiera ahorrarse los gasto de todo tipo que supone un reunión de este calado y se invirtiese convenientemente, serviría de algo. Una cosa ha quedado clara, que la regulación bancaria que tanto preocupaba al capital va a ser bastante más leve de lo esperado, cosa que han celebrado los mercados financieros al menos hasta que otras noticias han ensombrecido el panorama.

Parece pues, que respecto a la economía nos encontramos ante un nudo gordiano y es que eso de seguir con un esquema de crecimiento caduco, basado en el consumo desaforado, aunque sea a crédito, de cosas que no necesitamos, a costa del empobrecimiento y degradación del medio ambiente y de la biodiversidad; aunque no lo reconozcamos, los mayores bienes que todavía tenemos, sólo beneficia a unas pocas manos en las que está depositado el poder económico que mantienen pese a todo lo demás.

Para el resto, no queda sino seguir esclavo de un trabajo que nos agota como sociedad, que impide la conciliación y la cohesión social de nuestro entorno y que además, en estos tiempos de crisis, genera conflicto y miedo, alejándonos de lo que es nuestro propósito más deseado, alcanzar la felicidad. Ésto por no hablar de la exclusión que se produce con el incremento del paro y que deviene en todo tipo de problemas individuales, familiares y sociales.

El esquema económico implantado engendra, él mismo, las recesiones y las depresiones como forma de reiniciar el sistema cuando los excesos y las corrupciones llegan a tal punto que resultan ingobernables. Estos excesos son la materialización del egoísmo y del individualismo que promueve. El coste siempre es de índole social y salvo rebelión, siempre lo pagan las clases trabajadoras y las clases medias. Cuando el sistema se ha depurado, a base de sacrificios y penurias, se continúa con el esquema prefijado como si no hubiese pasado nada.

Es más, todos nos congratularemos de la vuelta al consumo depredador. Los políticos se encargarán de escenificar, para la opinión pública, las decisiones que se hayan tomado en ámbitos económicos y que siempre favorecen al capital y a los mercados, aunque parezca que el beneficiado es el ciudadano. La financiación privada de los partidos políticos, legal o ilegal dependiendo del país y la legislación, se encargará de mantener la lealtad de las élites políticas. Los medios de comunicación, que no son sino grandes redes corporativas, pondrán su granito de arena para hacer llegar al mundo la nueva agenda y los marcos preestablecidos.

Tengo algunas dudas, no estoy seguro de que esta crisis se vaya a resolver tan fácilmente. Somos, aproximadamente, siete mil millones de personas en el planeta y no parece que haya para todos, al ritmo de consumo que llevamos en el primer mundo y según el crecimiento de la población en el tercero. Teniendo en cuenta, además, que las poblaciones de los países emergentes anhelan sumarse al espejismo del consumo.

Necesitamos reflexionar sobre qué tipo de sociedad queremos y ésta es una buena oportunidad para hacer llegar la opinión de los ciudadanos a nuestros representantes, antes de que, sin darnos cuenta, terminemos asumiendo como inevitable un esquema social que no queremos, que no nos representa y que no nos respeta como personas libres.