domingo, 21 de febrero de 2010

Biomimética o cómo aplicar a nuestras necesidades las soluciones que aporta la naturaleza.


Los vastos conocimientos que atesora la naturaleza, la forma de aplicar soluciones eficaces, energéticamente eficientes y sostenibles, las intrincadas redes de interrelaciones que unen a unos seres vivos con otros y con el medio en que se desarrollan han sido y son objeto de estudio y de concienzudo análisis por parte de investigadores en todo el mundo.

No es para menos ya que nuestras actuales y futuras necesidades estarían cubiertas si fuésemos capaces de entender los procesos y mecanismos desarrollados a lo largo de miles de años y aplicados por la naturaleza para dar soluciones precisas y equilibradas a los grandes retos que plantea la vida.

Destacar la elegancia y belleza con que la naturaleza da respuesta a cada una de las cuestiones que afectan al desarrollo de la vida y cómo cada solución encaja con extraordinaria precisión en el gigantesco puzle que conforman los diferentes ecosistemas del planeta.

Hablando de biomimética; se construyen edificios bioclimáticos con circuitos de aire que intentan emular los construidos por las termitas en los termiteros, consiguiendo un ambiente más sano y un considerable ahorro de energía.

Se recubren edificios con membranas que actúan como filtros solares, a modo de piel, graduando la temperatura en el interior. Estas membranas contienen pigmentos bioluminiscentes naturales que, como los de las medusas, absorben los rayos solares durante el día proporcionando iluminación por la noche sin gasto de electricidad.

Se están desarrollando superficies capaces de repeler a las bacterias e impedir que se formen colonias, que tanto daño causan en los hospitales, gracias a la observación de un alga roja existente en la costa australiana que produce una sustancia llamada furanona capaz de distorsionar el sistema de comunicación de las bacterias impidiendo que formen biopelículas.

En el diseño de los trenes de alta velocidad se utilizan las formas de las superficies del pico del martín pescador y las formas estriadas de las plumas de los búhos para amortiguar el ruido al tiempo que se incrementa la velocidad con un menor gasto energético.

Se toman como ejemplo las alas de los gansos para diseñar las alas de los aviones modernos.

Estos son solo algunos ejemplos del inmenso potencial que entraña la ciencia de la biomimética. No obstante, es necesario observar a la naturaleza con humildad reconociendo su extraordinaria capacidad. Resulta paradójico comprobar la gran generosidad con que nos obsequia la vida y la moneda con que pagamos esa generosidad: contaminación, destrucción de ecosistemas enteros y de especies, gases de efecto invernadero, destrucción de la biodiversidad…

Disponemos de ojos para ver y de cerebro para formar una conciencia que de paso a una forma diferente de interpretar la vida, dejando atrás el egoísmo que tanto daño está causando a nuestra civilización.

Estamos inmersos en una grave crisis económica que va camino de convertirse en un gran problema social a escala internacional. Se han cometido graves errores y se ha permitido que esto ocurriera, como resultado, un desequilibrio aún mayor en la brecha existente entre ricos y pobres.

Si nos fijamos en como funciona la vida cuando, de forma natural, se producen incendios y se destruyen grandes extensiones de bosque, veremos que no aparece la naturaleza con un extintor para sofocarlos, por el contrario, se produce una aparente destrucción y una crisis inicial que termina dando paso al renacer del bosque sobre sus propias cenizas. Un bosque nuevo con una extraordinaria vitalidad capaz de sustentar a más vida de la que albergaban los viejos árboles del bosque quemado.

Si los políticos, los banqueros, los economistas y los empresarios, en su conjunto, fuesen capaces de extraer una enseñanza de esto, probablemente no se dedicarían los ingentes recursos que se están consumiendo en mantener un sistema financiero ineficiente y podrido desde la raíz como los árboles del viejo bosque. Probablemente, esa energía se emplearía en impulsar un nuevo sistema que fuese capaz de mantenernos a todos de forma sostenible, como el nuevo bosque renacido de las cenizas.

Iniciativas como los microcréditos de Muhammad Yunus, el llamado banquero de los pobres, que tanto han hecho por erradicar la pobreza y dignificar el trabajo de los más desfavorecidos y que prácticamente carece de morosidad, son dignas de tener muy en cuenta. Este banquero presta pequeñas cantidades de dinero, que en su conjunto ascienden a más de mil millones de dólares al año, a personas sin medios para promover, por si solas, modestos negocios.

Quizás sea hora de abrir nuestros ojos y nuestra mente a un nuevo enfoque liderado por una visión del hombre integrada con la naturaleza y su capacidad para crear estructuras vitales eficientes y sostenibles.